Solo existe la furia en el deporte de elite y nos
conformamos con trofeos deportivos,
damos colorido a nuestros balcones con banderas monárquicas, como si la
España cañí del franquismo resucitase cual ave fénix. Llenamos calles y plazas para celebrar copas
hueras, mientras desahucian familias, les
roban la educación a nuestros hijos, la salud a nuestros mayores y a nosotros
mismos y el derecho el trabajo a todos, mientras nos quedamos sentados en el sofá
cada vez que tiran una familia a la calle, cada vez que se produce una agresión
a la educación, a la sanidad.
Permitimos que
nuestros jóvenes se vayan a trabajar a Alemania, Canadá o sabe dónde, mientras
aquí se recorta todo tipo de investigación para potenciar otro modelo de
desarrollo diferente. El I+D+I no es
siembra que se coseche en un año, como las maderas nobles requieren muchos años
de cuidados y mimos, en España comenzaba a desarrollarse de manera tímida,
ahora radicalmente ha desaparecido toda ayuda
a la investigación, el gobierno le ha cortado las patas a un potrillo
que comenzaba a crecer, España tendrá que depender como siempre ante la
ineptitud de nuestros gobernantes, de las importaciones ¡Qué inventen ellos!
No nos merecemos nada, los cobardes agachan sumisos la
cabeza, la furia española no existe, y si existe anda distraída con estúpidas declaraciones
gubernamentales, llámense Wert o Morenes, que intentan alentar un patriotismo
rancio y fascista, enfrentando españoles contra españoles, no son otros quienes
provocan, son ellos, quienes se les llena la boca de la palabra España, como si
el patriotismo fuese patrimonio de aquellos que sacan banderas en procesión. No, la furia española no existe y si existe está moribunda o adormecida por la
mentira y el miedo, como si cuarenta años de dictadura, más treinta y siete de
falsa democracia nos pesasen más que la losa del Valle de los Caídos.
No hay critica, al menos no la suficiente y necesaria para
que tiemblen aquellos que están llevando tan criminales agresiones contra los
ciudadanos, estamos acobardados, nos conformamos con las migajas de “caridad”
que nos echan a los pies como si fuésemos perros, juegan con nosotros y nos
callamos, participamos de la mentira que cual acido nos está comiendo los pies
sin darnos cuenta, hasta que terminemos devorados, no por los lobos o los
buitres, sino por nuestra cobardía.
Quiero tener esperanza, pero solo veo eso, resignación y
miedo, tanta que se permiten hacer un simulacro de entrevista entre dos ancianos
con el periodo de caducidad sobrepasado en varios años, tanto en el estilo
babeante de uno como en la sinsustancia en las respuestas del otro. Uno
representa el periodismo servil del franquismo complaciente, el otro a una anacrónica
institución. Uno solo pregunta lo que el
preguntado desea y el otro responde lo que le da la gana, pero ninguno se
acuerda del terrorismo financiero que son los desahucios, ni de los casos de corrupción que
afectan a la muy decadente clase política y a miembros de la más anacrónica de
las instituciones posibles. Hablan del
amor del padre a una España a la cual se brindó en al menos dos ocasiones a
traicionar para luchar al lado del genocida que nos la metió hasta el fondo y
sin vaselina, hablan del hijo de méritos desconocidos y que aspira a un empleo
pagado de por vida, pero no hablan del pueblo, no hablan del pueblo que lo está
pasando mal, porque saben que es un pueblo sumiso y cobarde.
El pueblo puede despertar, debe despertar, debe hacer
temblar el suelo que pisa, debe ponerse a galopar.
A GALOPAR ( RAFAEL ALBERTI)
Las tierras, las tierras, las tierras de España,
Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
Publicado también en: Eco Republicano
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