sábado, 18 de abril de 2015

Un cuento corto de terror para no dormir


La luna llena brilla con todo su esplendor en el cielo,  no son necesarias más luces para que la hermana mayor comience a leer un cuento a sus dos hermanos pequeños, que bien arropados le escuchan con los ojos abiertos como platos... La luna se va,  haciéndose la oscuridad oscuridad más absoluta, pero la niña continua leyendo con total naturalidad:

Cuentan que hubo un tiempo en un país muy lejano, muy lejano, que tras la muerte de un sanguinario lobo, le sucedió uno que para evitar ser destronado por los corderos fingió ayudar al rebaño a romper sus cadenas y acabar con la dictadura de los lobos sobre los corderos.   Por aquellos lejanos tiempos el rebaño andaba ya bastante alterado y podría rebelarse y acabar con la dictadura de los lobos.  El nuevo rey de los lobos convocó al Consejo de lobos y buitres y entre ambos grupos acordaron llegar a un acuerdo con el Consejo del rebaño: El monte funcionaría como una democracia, eso sí, el poder lo ejercerían los lobos, el rey sería un lobo, con cara amable, pero lobo al fin y al cabo, el poder legislativo y económico  lo administrarían los buitres y podrían llegar a ejercerlo los corderos que acatasen unas normas impuestas por los Consejos de lobos y buitres.  Dichas normas fueron ofrecidas al Consejo del Rebaño, con la condición de eso o continuar igual. El Consejo del rebaño y más de la mitad del rebaño aceptaron el acuerdo, a pesar de ser muchísimos más los corderos que los lobos y los buitres y de rebelarse ser capaces de acabar con la tiranía de buitres y lobos. A ese acuerdo le llamaron Constitución, la hicieron santa e inviolable, pero solo para los corderos, buitres y lobos la fueron violando constantemente a su antojo, sin que el Consejo del rebaño protestase, porque para ello ya se habían encargado lobos y buitres de corromper a sus dirigentes.


 Con el tiempo el rebaño comenzó a darse cuenta que era un engaño porque las cosas comenzaron a ir mal, los padres eran despedidos de sus trabajos, mientras el rey de los lobos vivía a cuerpo de rey con amantes de todo tipo, desde lobas, a zorras o inocentes borreguillas. Buitres y lobos disfrutaban de grandes banquetes y matando inocentes animales.  Mientras los gobernantes, lobos, buitres y borregos corruptos,  se llenaban los bolsillos de oro y cuando dejaban en Consejo se colocaban en grandes empresas  del bosque que antes habían robado al rebaño.

 De vez en cuando el Gobierno del bosque lo ejercía el Consejo de los borregos corruptos, la verdad es que el bosque normalmente mejoraba algo en las condiciones del rebaño, siempre respetando la Constitución de impuesta por lobos y buitres y votada por el rebaño. 

Llego al bosque una gran sequía, estando el Consejo de los borregos gobernando, este gobierno cedió a las presiones de lobos y buitres y comenzó a aplicar políticas propias de buitres y lobos, provocando el descontento general del rebaño.  Entonces el partido de lobos y buitres —que siempre había estado unido mientras que el rebaño siempre estuvo dividido entre los borregos que aceptaban la colaboración con lobos y buitres y quienes no querían estar sometidos a los mismos  —prometió que todo lo arreglaría y los borregos mayores que eran muy tontos, muy tontos, votaron a esos lobos y buitres que eran aún más ladrones y malvados que los que estaban en el gobierno de los borregos. Cuando los malvados ladrones se hicieron con el Gobierno, pues el poder ya lo tenían, comenzaron a abaratar el despido de sus empresas, a tirar a los padres a la calle, los corderitos  a pasar hambre, por si fuese poco les robaban la casa a los pobres, mandándoles lobos policía que tiraban la puerta abajo y se comían a las pobres criaturas…

Entonces sí que el pueblo pareció despertar, pero el Rey lobo que era zorro viejo, abdicó, ya que no podía jubilarse, porque para jubilarse hay que trabajar antes y los reyes, ni siquiera los reyes lobo trabajan y al abdicar colocó de nuevo rey a su hijo, un lobo joven y muy grande, que había crecido más de lo habitual por estar bien alimentado y no haber trabajado nunca. Ese nuevo rey lobo, dicen que estaba muy preparado, pero al que no le importaba un pimiento el sufrimiento del rebaño.  Y el viejo rey, con la complicidad del nuevo, de los lobos y buitres y borregos corruptos y colaboracionistas   diseñaron el modo de silenciar al rebaño descontento de nuevo, haciendo que cambiase algo para que todo siguiese igual…

Y los mayores del rebaño que eran muy tontos, muy tontos, de nuevo cayeron en la trampa y el gobierno de lobos y buitres continuaron abaratando el despido, despidiendo a los padres, a robando la casa a los corderos más pobres, mandándoles los perros policía que tiraban la puerta abajo…

 Uno de los niños hace un esfuerzo  sobre humano  para mantener los ojos abiertos, que brillan como dos estrellas en la oscuridad, su hermana deja de leer, levanta la vista  del libro y habla mirando al frente inmenso de la noche, como si buscase el horizonte o se dirigiese a al patio de butacas de un teatro.

Pero esto pasó hace mucho tiempo en un país muy, muy lejano, afortunadamente en España esto no puede pasar porque tenemos una democracia plena, donde nuestro rey vela por su pueblo, nuestros gobernantes son un ejemplo de honradez y decencia, nunca se atreverían a robar a los pobres, renunciar a cobrar sueldos escandalosos como en otros países, no inauguran rotondas para llevarse sustanciosas comisiones. Nuestros gobernantes son honrados hasta el punto de renunciar a la paga vitalicia y no se colocan en los consejos de administración de las empresas robadas a los pobres y la policía se utiliza solo para perseguir a los delincuentes y criminales, jamás como en ese lejano país a reprimir las ansias de libertad y de justicia del pueblo ni para echar a las personas de sus casas...

-¡Qué alivio vivir en un país tan democrático como el nuestro! -Se escucha la voz de la madre acariciando el cabello de su hija mayor.

Los niños ya se han dormido, negros nubarrones amenazan con llover, la niña siente un escalofrío al notar las primeras gotas sobre su rostro.  La madre le echa una manta por encima, le da la mano y se echan en el suelo junto a los chiquillos; se aprietan los unos junto a las otras gentes que hay bajo el puente hacía el centro del mismo, comienza a llover con fuerza y las gotas de lluvia se mezclan con las lágrimas de la niña ciega que momentos antes parecía estar leyéndoles un cuento a sus dos hermanos pequeños. Ella un día más le costará dormirse, no ve pero percibe que los lobos amenazan y no se conforman nunca.

Nota: Este cuento es fruto de la mente calenturienta del autor, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia o producto de la mente aún más calenturienta del lector.

©PacoArenas

Cuadro Seymour Joseph Guy 1870



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