domingo, 12 de julio de 2020

Madre… ¿para qué sirve un rey?



 

A dos príncipes vi en persona, uno de lejos y otro de cerca, por culpa de un rey putero, que vi a dos metros a las cuatro de la mañana, sentí el terror de ver como un grupo de policías y guardias civiles nos apuntaban con las metralletas como si fuésemos terroristas, cuando éramos solo turistas despistados (escrito está en mi libro Caricias rotas)  El primer príncipe, fue después un rey que solo pensó en acaparar riquezas para su patrimonio personal a costa del pueblo, y en tirarse todo lo que se moviese. El segundo príncipe, lo conocí a menos de dos metros de distancia, era muy rubio y con ojos azules, tenía apenas ocho años, yo dieciséis. Las palabras, tan insultantes como soberbias, que escuché de aquel mocoso gritar a las personas que lo cuidaban, jamás las escuché en toda mi vida a nadie.  No creo, que aquel príncipe rubio, ahora que es rey haya cambiado mucho, tampoco lo sé, solo sé que yo pago de mi bolsillo manutención a cambio de nada.

 

La primera vez que vi un príncipe y una princesa, tendría unos trece años, y llevaba ya casi un año trabajando como botones en el hotel «Ses Sabines» de la bahía de Sant Antoni de Portmany, después de haber estado en el Hotel Excelsior.   Todavía, por aquel entonces, 30 de noviembre de 1973, España estaba bajo la bota del dictador, y dos príncipes extranjeros: Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, estaban haciendo su gira promocional por España, al tiempo que ensalzaban la figura del dictador golpista y genocida Francisco Franco. 

 

Salió un día soleado, y aunque había salido la noticia en el Diario de Ibiza, la mayoría de los trabajadores del hotel no sabíamos nada. Nos enteramos por el director:

 

—Hoy es un gran día, visitan nuestra isla Sus Altezas Reales los príncipes de España, y es intención nuestra que el hotel esté bien representado por sus trabajadores…

 

Tras darnos un discurso «patriótico» De aquella reunión salimos todos los trabajadores del hotel con una banderita, franquista sin pollo; pero franquista, al fin y al cabo.

 

—Ahora todos a mostrar nuestro gran cariño a los futuros reyes de España —nos dijo el director, mientras yo miraba aquel trozo de plástico pegado a un palito de madera de mal pino.

 

Teníamos dos horas libres, y muy contentos, sin saber muy bien el motivo, nos encaminamos hacia la avenida doctor Fleming, uniéndonos a los trabajadores de otros hoteles, algunos coreando antes de llegar, las consignas que les habían dado sus jefes:

 

¡Viva España!

¡Viva Franco!

¡Vivan los príncipes!

Yo era muy consciente del «cariño» que tenía mi madre a los príncipes, al dictador, y no sé si lo pensé o no, pero lo cierto es que, sin tener miedo a la posible regañina de mi madre, como pude me deshice de aquel plástico, dejándolo entre las palmeras del Paseo Marítimo. No resultaba difícil escabullirse, y eso hice. Atento al reloj, me largué a mi casa sin formar parte de aquella parafernalia, seguro de que mi madre aplaudiría mi acción, conociendo sus ideas republicanas. Al llegar a mi casa, contra todo pronóstico, mi madre me riñó duramente.

 

Todavía existía mucho miedo en aquellos postreros años de la dictadura, que creíamos agonizante, y como los Pokémon, evolucionó para cambiar algo, para que todo siguiese igual, la dictadura perfecta, aquella que sus víctimas llegan a creerse que viven en democracia.   Nuestras ideas de libertad se dejaban para la intimidad, como el catalán de Aznar, cual judíos conversos en tiempos de la Inquisición.

 

Al final, supe que estaba orgullosa de mí y como en otras ocasiones terminamos hablando de nuestras cosas y surgió la pregunta sobre la cuestión:

 

— Madre… ¿para qué sirve un rey?

 

Ella me señalo un rincón, en el cual había colocado un jarrón con flores artificiales, viendo que no comprendía lo que me quería decir, se acercó al florero y cogiéndolo me lo puso cerca de la nariz para que oliese las flores, que al ser artificiales…

 

—No huelen, son flores que no sirven para nada, solo adornan… pero no cuestan prácticamente «cuartos», si me costarán un solo duro más de lo que pagué para comprarlo, o tuviese que quitarles pan a mis hijos para mantenerlo, ya la habría tirado a la basura.  Un rey no sirve para nada, un rey es alguien que se le paga toda su vida para que haga de holgazán, por haber nacido de un determinado útero. Y se le paga y mucho, a pensar no da ningún provecho a la nación. Puede ser bonito para mucha gente, muchos de los han ido hoy a aplaudir, estarán realmente emocionados y recordarán este día durante muchos años.  Pero, hijo mío, cuando termine la visita volverán a sus trabajos, a echar 14 horas diarias por un sueldo que no les da para vivir (era lo que se trabajaba entonces en los hoteles). Y aunque no puedan comer ellos gritarán con entusiasmo ¡Vivan los príncipes y viva Franco! Estas flores que no cuestan un real, adornan más que los reyes nos cuestan una fortuna, un rey solo sirve para arruinar un país, como decía tu padre: con ningún rey los pobres nos hemos hartado, como mucho hemos hambreado...

 

Miré el reloj cuando el griterío y los vivas iban bajando de volumen. Salí corriendo de nuevo hasta el Paseo, recobré la banderita franquista y me uní al resto de compañeros.  Media hora más tarde me incorporé a mi puesto de trabajo y durante los próximos días tuvimos que recuperar las horas perdidas dando gritos de admiración a unos príncipes impuestos por un asesino. 

 

Llamaba la atención, según decían, que él, soberbio, ni miraba a la gente, y ella, según dicen, movía la mano como si la tuviese tonta.

 

   Mis compañeros, entre tanta multitud y emoción, por haber visto unos príncipes, «tan guapos» no se habían percatado de mi ausencia.  Todos gritaron enfervorizados, sin pensar en cómo vivían, diciendo lo guapo que era el príncipe y lo bien vestida que iba la princesa. Mientras yo pensando ¿para qué sirve un rey? recordando las palabras de mi madre.

 

Cuarenta y siete años después, todavía hoy me sigo preguntando para qué sirve un rey aparte de para vivir a cuerpo de rey y saquear las arcas públicas. La comparación con el florero la he pensado en muchas ocasiones; pero no me convence, a pesar de la sabiduría campesina de mi madre:

 

 En el florero se gastaba mi madre 3 duros y duraba años, no servía para nada, era un estorbo que no tapaba ni el hueco en que, estaba, pero tampoco requería mucho gasto de mantenimiento, tres duros y pasar el trapo de vez en cuando.  Mientras la monarquía, un rey hay que estar pagándole de por vida, a él y a su familia, sea listo o tonto, honrado o ladrón.  Con lo que recibe, con lo que nos cuesta la monarquía, más de 500 millones de euros anuales, podrían comer muchas familias, habría para pagar todos los desmanes de esta pandemia que está todavía arrasando España, y de la que nos va a costar salir. Por si esto fuese poco, todas las navidades se cuela en nuestra casa siguiendo la costumbre del dictador que le apadrinó, así que en mi casa debo estar atento y apagar el televisor unos minutos antes de las nueve para que no me fastidie las navidades, que termina fastidiándomelas, porque luego todas las televisiones se tiran una semana emitiendo «sus sabias palabras» que otros le han escrito y él se ha limitado a leer, sin venir a cuento, y que hablan de honradez y conductas ejemplares.

 

 

A estas alturas del siglo XXI, con dos reyes y dos príncipes sufridos, me sigo preguntando:

 

 ¿Para qué sirve un rey?


©Paco Arenas, autor de Magdalenas sin azúcar

viernes, 3 de julio de 2020

EL arma de Amparo (Cuatro años de cárcel por llevar una pulsera con los colores de la República) #TodasSomosAmparo #LeyMotdaza #5AñosDeMordazas




 (Cuatro años de cárcel por llevar una pulsera con los colores de la República)
#TodasSomosAmparo #LeyMotdaza #5AñosDeMordazas


Las calles de aquel otoño gris que amenazaba con regresar, se llenaron de la palabra «Libertad», con los «Iaioflautas» a la cabeza, con sus banderas de libertad, gritando   consignas en contra la represión a golpe de porra policiales en Barcelona.
La manifestación marchaba alegre sin incidentes, a pesar de que los antidisturbios estaban preparados para actuar y reprimir cualquier amago de salida de tono. Otra cosa no se podía esperar, Valencia no era Barcelona.
Al pasar por la calle de La Paz,  un matrimonio de edad avanzada, mal encarados y vestido con ropas caras, parecían esperar la llegada de los manifestantes, cada uno con una varilla de cortina en la mano, sin bandera alguna, podrían tratarse de eso, varillas que habían comprado para colgar sus lujosas cortinas; pero no, allí esperaban como pasmarotes, en lugar de cruzar la calle, la llegada de la cabecera de la manifestación: Lola Pérez, al verlos, dijo a Matilde y Amparo, las más cercanas:
—No tienen pinta de querer unirse a la «mani», tienen una cara de mustios…
—Seguro —contestaron, entre risas, Matilde y Amparo, casi al unisonó, continuando sus canticos reivindicativos.   
Casi llegando, la mujer sacó del bolso dos banderas monárquicas, y las colocaron en los palos de cortinas, en un claro gesto de provocación, al cual, los manifestantes, no iban a caer, ante algo tan habitual, y ambos comenzaron a agitar sus banderas por encima de la cabeza de los manifestantes, dándole con las mismas a Amparo y gritando consignas ofensivas contra los manifestantes:
—¡Rojos!, ¡Separatistas!
—Ni caso a esos gilipollas, van a provocar, buscan que intervengan los maderos —aconsejó Lola.
—Lola, me han dado estos fachas con la bandera en la cabeza —protestó Amparo, ante el consejo de Lola, la cual, siempre tan prudente como combativa, movió la cabeza para que no les hiciera ni caso:
—Solo quieren provocar, ni caso.
A pesar de lo cual, Amparo se giró hacia ellos, enseñándoles la bandera republicana que llevaba sobre sus hombros, y su pulsera tricolor de su muñeca.
—Esta es mi bandera —dijo, y continuó la marcha sin más.
—Me he quedado con tu cara— amenazó la vieja de la bandera monárquica.
Ya, Amparo, ni hizo caso siquiera, no valía la pena. Dejados atrás aquellos viejos fascistas, porque lo eran, como por desgracia supo después, Amparo regreso a su pueblo a Villamarxant, y ya no supo nada ni del matrimonio, ni de nadie.
Diez días más tarde, regresó a Valencia, donde había quedado con unos amigos para una nueva manifestación. Como era pronto, quedó con algunos de sus compañeros de lucha en un bar. Aunque ella no se percató, se cruzó con el matrimonio de viejos fascistas, que la siguieron hasta el bar. Y de ahí, llamaron a la policía, la cual se presentó en el bar, cuando todavía estaban los «Iaioflautas» disfrutando de sus cervezas. No sabían ni su nombre, solo que llevaba una pulsera con los colores de la bandera republicana, con tres bolitas de cada uno de los colores. Nadie se percató de que el matrimonio, perteneciente a un grupo de ideología fascista, señalaban con el dedo a Amparo. Los dos policías interrumpieron la alegría, colocándole uno la mano sobre el hombro a Amparo.
—Por favor, señora, identifíquese.
—¿Y eso? ¿Por qué?
—Por agresión física e injurias a un matrimonio respetable —replicó con severidad el policía.
—¿Yo? —Preguntó asombrada Amparo.
—¿Amparo? —Preguntaron aún más asombrados el resto de «Iaioflautas», no dando crédito ni a sus oídos ni a sus ojos.
—Por favor, ¿se puede identificar? —Insistió el policía.
Se terminaron las risas, se terminó la tertulia, Amparo sacó su carné de identidad y se lo entregó al policía, que tomó nota de sus datos y se lo devolvió, entonces llegó la pregunta y la acción más surrealista y esperpéntica de todas, imposible de escuchar en cualquier país democrático:
—¿Lleva el arma?

—¿El arma? ¿Yo? Si soy una persona pacifica que entra contra todo tipo de violencia, ¿cómo voy a llevar un arma?

—Sí, esa pulsera, es el arma de la agresión —replicó con circunspecto el policía.
Todos los presentes se habrían echado a reír, cada uno de ellos llevaba una similar, nunca pensaron que una pulsera con los colores que en España representan la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, pudieran llegar a considerarse un arma. No era cuestión de echarse a reír, por muy grotesco que pareciera el espectáculo. Parecía una broma de un programa de televisión de cámara oculta, pero no se trataba de una broma televisiva, sino de una realidad cotidiana, por culpa de una ley retrograda, como lo es la eufemísticamente llamada Ley de seguridad Ciudadana, que lo mismo sirve para encarcelar a titiriteros por representar una obra de Federico García Lorca, un tuitero por hacer un chiste, a un rapero por cantar la verdad de un corrupto, a sindicalistas por ejercer su derecho, a quien defiende su casa contra los bancos ladrones, o para arruinar la vida a unos jóvenes, acusados de terrorismo, por una pelea de bar…

—¿La pulsera?

—Entréguenos el arma y vamos a comisaria, o mejor en comisaria...

—Agente, ¿pero esto va en serio? —se atrevió a preguntar Amparo.

—Por supuesto —contestó con sequedad el policía.

—Pero si es una pulsera...—titubeo perpleja Amparo.

—Es el arma de la agresión —replicó el policía que llevaba la voz cantante.

—Es una pulsera, exactamente igual como la que lleva usted, pero con distintos colores...—dijo Lola, que no podía creerse lo que estaba viendo, al observar que el policía llevaba una pulsera muy parecida a la de Amparo, pero con los colores de la rojigualda, en lugar de la tricolor.

—Usted se calla, si no quiere que le tomemos también los datos, por desacato a la autoridad amenazó el policía. 

—Es la verdad, hagan lo que quieran, pero no es desacato, sino constatar una realidad, Amparo lleva una pulsera con los colores de la libertad, y usted lleva la otra, ninguna es un arma —no se amilanó Lola, que siempre fue mucha Lola.

—Eso, lo tendremos que decidir nosotros o el juez, ahora, entréguenos el arma...—dirigiéndose, ya, a Amparo el policía.

La entrada de media docena de policías, acalló las protestas de los cinco iaiosflautas presentes.

—Tranquilos, somos  septuagenarios indefensos, no necesitamos porras —todavía se atrevió a replicar Lola.

—Me voy con ellos, no quiero problemas, no he hecho nada y sería estúpido pensar que me pueda pasar nada...porque, señor policía, ¿ustedes saben que según dice M.Rajoy, estamos en un Estado democrático y de derecho? ¿Verdad? —Se atrevió a ironizar Amparo, agarrando su bolso, dispuesta a marcharse con los policías, con tal de no complicar la vida a sus compañeros. 

Amparo, a sus 61 años, enferma, pero luchadora, no opuso resistencia alguna, al salir vio al matrimonio fascista, y comprendió todo. Había sido denunciada por agresión física e injurias, a ese par de retrógrados, que, de haberse cambiado la pulsera, tal vez ni la habrían reconocido.  Ella no agredió con la pulsera, ella fue la agredida con las banderas y los palos de cortina, fue ella, también, en cierto modo, la injuriada, no porque el matrimonio fascista les hubiese llamado «rojos», que era algo que ella llevaba con honor y orgullo, sino porque quienes provocaron y buscaron la disputa fueron ellos, pero ella era la detenida, porque según la policía la había denunciado un matrimonio respetable, como si ella no mereciese mucho más respeto que aquellos carcas.

Al llegar a comisaría le requisaron tan peligrosa arma, la pulserita con los colores de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, que el único peligro que representaba era para las conciencias. Allí le informaron de que un matrimonio, aquel mismo día, la habían reconocido como agresora del mismo, y que el arma era aquella bonita pulserita de menos de un euro. No había pruebas, y Amparo ni siquiera se acordaba de aquel matrimonio. Que la vieron, por casualidad, entrar en aquel bar y acudieron a la primera pareja de policías, dispuestos a amargar la vida al primer rojo que se cruzara en su camino, y le toco a la pobre Amparo.

—¿Usted agredió al matrimonio tal…? —Le preguntaron de malos modos, ya en comisaría.

—¿Cómo voy a agredirlos si no los conozco de nada?

—Pues la han acusado de delito de odio y agresión…

— ¡Qué tontería más grande! ¿Cómo les voy a odiar si yo no los conozco de nada? Yo soy chillona y protestona, eso es verdad, pero violenta en ningún caso. Fíjese si estoy en contra de la violencia, que cuando veo un cartel de festejos de tortura en la plaza de toros, me entran ganas de llorar, pobres animales…—se atrevió a reír, a pesar de lo patético que parecía todo, con la policía intentando hacerle creer y confesar un delito que no había cometido.

—No mezcle la cultura con los actos violentos llevados a cabo por usted, no estamos para perder el tiempo —la amenazaron.

Quisieron tomar declaración sin cumplir el derecho a tener un abogado presente, conociendo sus derechos democráticos, pisoteados por la ley mordaza, Amparo se negó:

—Ya hablaré cuando me llame el juez, por mucho que en España, ya que según dice el emérito: la justicia no es igual para todos, aunque sea mentira, prefiero, que se cumpla la ley, y declarar delante de mi abogado, por si acaso digo Diego y escriben, Juan —contestó con sarcasmo Amparo, en un último intento de demostrar que, por encima de la injusticia y el atropello está la dignidad de las personas.  

Aquel mismo día, mientras permanecía detenida Amparo en comisaria, grupos  de extrema derecha protagonizaron actos realmente violentos contra manifestantes pacíficos de izquierdas, produciendo varios heridos de diversa consideración, ante la atenta y pasiva presencia policial.  

Si después de lo ocurrido el miércoles, la peligrosa soy yo, tenemos un grave problema de libertades en este país —dijo Amparo unos días después a sus amigos.


©Paco Arenas, autor de Magdalenas sin azúcar


NOTA IMPORTANTE

Siendo relato de ficción, está basado en hechos reales con licencias literarias, y como tal se debe tomar.
Amparo, en la vida real, se enfrenta a cuatro años de cárcel y una sanción económica considerable, solo por la palabra, sin pruebas de dos militantes de la extrema derecha y la complicidad de la retrograda y represiva Ley Mordaza.


jueves, 2 de julio de 2020

La pulsera de la libertad como arma



#TodasSomosAmparo #LeyMotdaza #5AñosDeMordazas


#TodasSomosAmparo #LeyMotdaza #5AñosDeMordazas

«No puedo respirar», la mordaza que le quieren poner a Amparo, un gobierno democrático no puede mantener ni un día más una ley como la fascista Ley Mordaza
Amparo caminaba por la calle en manifestación con su bandera republicana sobre sus hombros, en la acera, insultando y gritando a los manifestantes, se encontraba un matrimonio con sendas banderas rojigualdas, a quienes nadie les hacía caso. Amparo, los miró y enseñó su bandera al matrimonio de España 2000, extrema derecha valenciano.

—Esta es mi bandera —fue lo único que les dijo, y continuó su marcha.

Después de la manifestación, regresó a Villamarxant, su pueblo, y ya no supo nada ni del matrimonio, ni de nadie. 

Diez días más tarde, regresó a Valencia, donde había quedado con unos amigos para una nueva manifestación. Posiblemente, el matrimonio la reconocería, y cuando más a gusto estaba de tertulia, entraron dos policías directamente encaminados en su dirección. Sin darle explicaciones se la llevaron a comisaría, acusada de llevar un arma. Amparo no podía salir de su asombro:

—¿Un arma? ¿Yo? Si soy una persona pacifica que está contra todo tipo de violencia…

—Sí, esa pulsera, es un arma peligrosa.

Cualquiera que hubiera contemplando la escena se habría echado a reír, ante lo ridículo de los argumentos de la policía. «el arma», era una pulsera de bolitas, con los tres colores de la bandera de la República, algo que ni en el mayor de los absurdos podría llegar a considerarse un arma. Los presentes estuvieron a punto de creer que se trataba de una broma, pero no se trataba de ninguna broma. Eran policías y no se reían, tampoco parecía haber ninguna cámara oculta de televisión, le pidieron que se identificara y se la llevaron detenida, sin saber bien el motivo.

Al llegar a comisaría le requisaron tan peligrosa arma, la pulserita con los colores de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, que el único peligro que representaba era para las conciencias. Allí le informaron de que un matrimonio, aquel mismo día, la habían reconocido como agresora del mismo, y que el arma era aquella bonita pulserita de menos de un euro. No había pruebas, y Amparo ni siquiera se acordaba de aquel matrimonio. Que la vieron, por casualidad, entrar en aquel bar y acudieron a la primera pareja de policías, dispuestos a amargar la vida al primer rojo que se cruzara en su camino, y le toco a la pobre Amparo.

—¿Usted agredió al matrimonio tal…? —Le preguntaron de malos modos.

—¿Yo ni los conozco?

—Pues la han acusado de delito de odio y agresión…

— ¿Cómo les voy a odiar si yo no los conozco de nada? Yo soy chillona y protestona, eso es verdad, pero violenta en ningún caso.

Quisieron tomarle declaración sin cumplir el derecho a tener un abogado presente, conociendo sus derechos democráticos, pisoteados por la ley mordaza, Amparo se negó:

—Ya hablaré cuando me llame el juez —contestó con determinación a los policías.

Ahora, en este país de ladrones y sinvergüenzas, donde roban desde las más altas instituciones, donde pillan a violentos de extrema derecha con armas y no les pasa nada, porque son hijos de jueces o políticos de derechas, quieren meter a una mujer cuatro años de cárcel por llevar una pulsera de un euro, con los colores de la Libertad. Dos días antes de su detención, grupos del partido de los denunciantes, protagonizaron múltiples agresiones contra los manifestantes del 9 de octubre, con la policía mirando para otro lado, como dijo Amparo:

«Si después de lo ocurrido el miércoles, la peligrosa soy yo, tenemos un grave problema de libertades en este país»  


Amparo se enfrenta a cuatro años de cárcel y una sanción económica considerable, solo por la palabra, sin pruebas de dos militantes de la extrema derecha y la complicidad de la retrograda y represiva Ley Mordaza. 



miércoles, 17 de junio de 2020

💚El peligro de las mujeres y el feminismo



💚El peligro de las mujeres y el feminismo



A propósito de  la manifestación del 8-M

Llevo varios días, por no decir semanas o meses, dándole vueltas a los posibles argumentos de quienes pretenden culpar al feminismo del gran desastre mundial, porque ese virus coronado no es exclusivo de España; aunque de virus o parásitos coronados tenemos centurias de experiencia en España.

En mi cabeza, no me cabe, (posiblemente porque no soy muy inteligente), la posibilidad de que personas con un mínimo de inteligencia, sean capaces de creer que la expansión de la pandemia en España se produjo por culpa de la manifestación del 8 de marzo. No tiene explicación que políticos con carreras universitarias y másteres, periodistas, investigadores de la Guardia Civil o «sabios» tertulianos de radio y televisión, lleguen a creer tal barbaridad, por no llamarle gilipollez.

Claro está, a no ser que esas personas tan inteligentes hayan sido obnubilados y que sufran una perdida pasajera de la posibilidad de llegar a razonar con la claridad que debieran. Porque si descartamos esa circunstancia, deberíamos creer, que, si mienten y manipular información con la insana pretensión de culpar a las mujeres o derrocar al gobierno, en ese caso deberíamos estar hablando de miserables o de golpistas, y eso, es pecado mortal, y se condenarían al infierno, ¡Ea! Ya lo he dicho, como Cañizares o el director de la Universidad Católica de Murcia, que, ya que nombran tanto a Satanás, se ve que tienen buena relación con él.

Cualquier persona inteligente, un poquito, sabe que eso es una patraña, y cualquier patriota de verdad, no de trapo, sabe que de lo que se trata ahora es de salir del atolladero, por el bien de España y sobre todo de quienes vivimos en ella, tengamos la ideología que tengamos.

Cualquier patriota de verdad, sabe que no se puede utilizar la teoría de la manifestación feminista como argumento, a no ser que lo que se pretenda sea tapar la corrupción y gestión de las residencias, de los recortes en Sanidad, de las corruptelas de la Corona, Tienen miedo de que se hable de ladrones y chanchullos, y se termine sabiendo la verdad, y por eso utilizan al feminismo como chivo expiatorio.

Tras mucho pensar he llegado a la siguiente conclusión:
Entre quienes echan la culpa a las mujeres hay dos tipos de personas:

1) Quienes saben que mienten como bellacos y a pesar de todo, siguen con la matraca una y otra vez, porque son unos miserables machistas misóginos y piensan que habrá muchos tan estúpidos como para creer lo que dicen.

2) Y esos otros, ¿cómo lo diría para no ofender? Resulta difícil, no obstante, digamos, ingenuos ciudadanos, que quieren creer a los primeros, porque ha sido obnubilados y que sufren una perdida pasajera de la posibilidad de llegar a razonar con la claridad o, en realidad, son tan miserables misóginos y machistas, como quienes los tratan como si fuesen imbéciles de remate, sin neuronas para ser capaces de razonar.

¡Advertencia!:

A partir de aquí, no sacar estas palabras de contexto. Se trata de una parodia, creo que la gente es más inteligente que estos supuestos, digo yo. No me creo que nadie sea tan estúpido como para pensar como en estos tres supuestos, si alguno piensa realmente así, le recomiendo un buen psicólogo.

A nosotros los trogloditas, nos duele la cabeza y no sabemos, si es del azul del cielo, del crepúsculo de la mañana, el sol radiante del atardecer traspasando con su fulgor los colores de nuestra bandera; también podría ser, que nos hayamos apretado mucho la pulsera que llevamos en nuestra muñeca, o quizás la rabia de esos los labios libres de las mujeres que deseamos besar y nunca nos quisieron besar, o esos apetitosos muslos a los que acariciar, o esos pechos anhelantes en los que reposar el guerrero. Como hombres sabios que somos, siempre supimos, desde la más prehistórica antigüedad que la mujer era una cabra a domesticar, que jamás podemos permitir que salgan del redil, ¿faltaría más? Las mujeres solo pueden estar con la pata quebrada y atadas a la cama, dispuestas para ser nuestras esclavas…, aunque como «mujer florero», tampoco estaría mal.

Nosotras las trogloditas, nos estremece pensar que ellas, las feminazis, que algunas, dicen que llevan pelos en las axilas, y hasta en el coño, perdón dios mío, quería decir la vulva. Ellas que no tienen clase ni modales, que jamás vestirán de Versace, porque no son femeninas, ni tienen gracia para llevar un bolso de Louis Vuitton; aunque en ocasiones como mujer que soy, puede que tengan la voz y la razón. Menos mal que nuestros esposos, pronto no sacan de la herejía mostrándonos el camino de la virtud, al menos de puertas para afuera, siempre que tengamos la cartera llena ¿qué será de nosotras si se dan cuenta que nuestros machos nos toman por mujeres floreros? Las mujeres debemos estar en la casa, ¿qué es eso de querer equipararse a los hombres, siendo que Dios los hizo a su imagen y semejanza y si nuestros esposos se van de negocio con sus secretarias, nosotros nos quedamos con el mayordomo en la cama.
Nosotros hombres y mujeres de bien, de rosario cunado se puede y misa domingos y fiestas de guardar, debemos evitar que las mujeres enturbien nuestra tranquilidad, y salgan en manifestación dando abrazos y besos, diciendo la verdad, pervirtiendo con centelleantes miradas la inocencia de las nuevas generaciones. Sería muy grave que ellas, las feministas, se conviertan en una marea que todo lo arrastre, y se lleven por delante nuestras milenarias tradiciones, al rey y a nuestra bandera. Es preciso extinguirlas desde la raíz, culpabilizarlas de todo, hasta de este virus coronado, que se está llevando tanta gente por delante. No podemos permitir que la aurora morada extienda su manto por encima de cada uno de los pliegues de nuestra patria. Y debemos salir a la calle con las cacerolas, eso sí, solo, hasta que hablan El Corte Ingles y las tiendas exclusivas de la milla de oro, viste más un bolso de Louis Vuitton que una aporreada olla de latón, si al menos fuese de oro y diamantes.

¡Viva el feminismo! ¡Viva el 8M! ¡Viva España y las personas honradas que trabajan y luchan por una España más justa, libre e igualitaria!


Con el deseo de que más pronto que tarde, el mundo se libre del COVID-19 y España del virus coronado, y un día esa prostituida frase "en España la justicia es igual para todos" sea una realidad real:

Paco Arenas (autor de Magdalenas sin azúcar)

domingo, 14 de junio de 2020

Las peores primaveras

A ellos, van estas lágrimas, por ellos va este grito que no pudieron dar ellos.





Ellos,
Sufrieron una guerra interminable,
terror institucional, hambre dictadura y su apéndice…
desayunaron miedo y cenaron hambre,
nunca les faltó trabajo,
y cada peseta, que no tenían, les costó el sudor y la vida.
Vivieron sin temor a la muerte,
Sabiendo que era más dulce que la vida.
Ellos, nunca tuvieron buenas primaveras
Aunque los cerezos estuvieran en flor,
nunca se cayeron del guindo de todo regalado,
hasta el último sorbo de agua fue peleado
cada lunes al sol.


Nosotros, 
que nacimos con la mesa puesta y mil pesetas en el bolsillo.
creímos ser el centro del universo.
Nunca nos despertaron
 a mitad de la noche las bombas,
ni las patadas en la puerta en la madrugada,
jamás lloramos la muerte de un ser querido
muerto ante los cañones de los fusiles al alba.
Nunca fuimos nadie,
ni lloramos por nada,
a lo sumo,
 nuestras lágrimas desbordadas
fueron ante una pantalla panorámica,
sufriendo el drama de Escarlata O'Hara.
Nosotros,
nunca supimos lo que es una mala primavera.

A nosotros,
nunca nos ladró un perro hambriento,
disputando un mendrugo de pan caído en el suelo.
Nosotros
que nunca supimos del dolor,
que causa hambre en nuestra panza,
siempre la tuvimos harta.
Nunca vimos llorar a nuestra madre,
por no tener una rebanada de pan
para darnos de merendar...
¿Qué sabemos del hambre que no admitía espera,
porque lo que no desayunabas por la mañana,
tampoco lo cenabas a la luz de la luna?
Nosotros,
nunca supimos lo que es una mala primavera.

Nosotros,
que no supimos del miedo al látigo,
o a los golpes de los fusiles en nuestra puerta,
ni de colas interminables
ante las puertas de los penales,
de los «vivas a la libertad»
de los fusilados en los paredones,
sin un dios en el cielo
que secase las lágrimas de los perdedores
de todas las batallas,
porque no tenían dios,
 o esos dioses
se había puesto del lado de los traidores.
Nosotros,
nunca supimos lo que es una mala primavera.


Nosotros,
Que nos enseñaron de la a «a» la «zeta»,
mientras cambiábamos nuestros dientes de leche,
sin que nunca nos faltase un tazón en la mesa,
ni un capricho en nuestra colegial cartera.
Nosotros,
que antes de abrir la boca,
teníamos la camisa nueva puesta.
¿Qué sabemos de pan apolillado
con rancia manteca como sabroso relleno?
Nos creímos el centro del universo,
siendo que nunca luchamos por nada,
ni siquiera
 cuando les quitaron el pan de la boca a nuestros hijos.
Ni siquiera entonces,
Por nuestros hijos,
luchamos contra los ladrones que les robaban la primavera.
Fueron ellos quienes salieron a la calle por nuestras pensiones.

Ellos,
que cuando tenían la risa en los labios,
soñando Libertad, Igualdad y Fraternidad,
sentados en los primeros pupitres
de unas escuelas que comenzaban a andar,
los despertaron los tiros
de una guerra criminal,
que unos militares traidores,
y a fuerza de golpes,
 bombas y cañones,
les robaron la infancia y la leche,
antes de cambiar los dientes.


Ellos,
que cambiaron el lapicero
por el azadón,
que sufrieron la patada en la puerta,
el desconsuelo en el alma,
la rabia ahogada,
por las lágrimas contenidas
al escuchar los tiros
 que se llevaban las vidas de sus padres,
mientras agarrados a las faldas de sus madres,
secaban sus lágrimas
sin un dios al que poder rezar.

Ellos,
que siendo chiquillos,
sufrieron las peores primaveras,
con hambre, penas y mil temores,
remontaron el vuelo
alzando el puño contra dictadores ladrones,
pidiendo Libertad, Igualdad y Fraternidad
frente a los torturadores.


Ellos,
 que salieron a la calle
defendiendo nuestras pensiones,
que no las suyas,
se han ido,
solos y en silencio,
con el criterio miserable:
«de tanto tienes tanto vales»,
cribados entre ricos y pobres,
seguros privados a los hospitales.
Si tienes seguro vives,
de lo contrario…
mueres solo,
sin una lágrima que te consuele…

A ellos van estas lágrimas,
por ellos va este grito
que no pudieron dar ellos.
Nosotros,
En esta mala primavera,
tal vez lo único que hagamos,
sea llorar sentados en nuestro sofá,
 en lugar de caminar y luchar
por todo lo que ellos no pudieron lograr,
la lluvia de la libertad,
sin cadenas ni coronas...
¡¡¡Anda!!!



© Paco Arenas 14 de junio de 2020 -Autor de Magdalenas sin azúcar, novela recomendada por catedráticos de literatura e historia.
©Tiempos de clausura (mi nuevo libro de poemas)

miércoles, 3 de junio de 2020

La culpa es de las mujeres. Saben que mienten como bellacos, pero...





Si escuchamos a la extrema derecha o a la derecha extrema (se parecen tanto), o se nos pasará la cabeza ver a Ana Rosa Quintana, Susana Griso o a Pablo Motos, o leer el ABC, La Sinrazón, OKbasura-diario, entre otros. Todos ellos la antítesis de la ética periodísticas, y tragásemos lo que dicen sin digerir todo su veneno, llegaríamos a la conclusión de que todo lo que ha pasado en la historia de España, es por culpa de las mujeres, y que hasta Eva era española y de izquierdas y por eso echaron a la humanidad del paraíso terrenal. Y eso sin echar manos al informe inventado y manipulado por un grupo de uniformados, que vamos a dejar de lado.

Sería estúpido decir que el virus lo trajo un nazi que fue a Milán, foco de la pandemia en Italia, y que al regresar lo expandió repartiendo abrazos contaminados, como si no hubiera un mañana.

Igualmente sería estúpido pensar, que Ana Pastor, médica de profesión, ex ministra, expresidenta del Congreso y una de las primeras contaminadas por el virus, se contaminó en la manifestación a la que no asistió, porque ella a manifestaciones feministas no va, y decidió lanzarse a contaminar. Por cierto, estando contaminada, existen fotos con sus camaradas sin guardar las medidas de seguridad. Sin embargo, a pesar de todo, y ahora pretende encabezar la infamia contra Irene Montero, tal vez con el deseo de volver a ser ministra...

Y hay que ser tremendamente imbécil, para decir o creer que las ministras que participaron, una de ellas, Carmel Calvo, persona de alto riesgo, fueron a la manifestación para contaminarse y morir, como ha estado a punto. Sí, hay que ser imbécil o miserable argumentar eso.

Y es que, puesto a decir estupideces, semejantes a los determinados medios y políticos de la derecha...

Nada tuvieron que ver que las residencias de ancianos fuesen un lugar donde lo más importante era el negocio, ni tampoco que en la sanidad de la mayoría de las comunidades autónomas los recortes en sanidad fuesen salvajes, ni que en el Metro de Madrid, todos los días del año, viajen hacinados como sardinas enlatadas más de dos millones de personas, o en el campo del Real Madrid, se hacinaran 120.000 furibundos hinchas gritando a mandíbula batiente, al gritar el virus vuela más lejos...

Seguimos escribiendo estupideces, al igual que esos medios:

La culpa del Corona Virus, la tuvieron unos miles de mujeres, que no fueron tantas; pero, que llevaban el veneno inyectado en sangre. De hecho, no ha salido la noticia todavía, pero pronto saldrá, ya la sacará el ABC, Ok diario, o Ana Rosa Quintana, todas las manifestantes, del 8 de marzo, fueron expresamente a China para contagiarse y así expandir su maldad...

Recuerdan la invasión de los bárbaros del norte, la culpa la tuvo una mujer, creo que ya había mujeres por aquel entonces.

No es preciso discutir, que la invasión musulmana de España, fue por culpa de las feministas.

La destrucción de la Armada Invencible, no fue por culpa de las tormentas ni por el fanatismo religioso de Felipe II, fue por culpa de las mujeres.

La invasión napoleónica, no fue por culpa de que Carlos IV y Felón VII, traicionasen a España, y fuesen cómplices de Bonaparte a cambio de seguir viviendo a cuerpo de rey (Felón hasta le propuso a Napoleón casarse con su sobrina. Como veis, la culpa de las mujeres.

El desastre del 1898, culpa de las mujeres, sin lugar a dudas...

El Desastre de Annual, en el que murieron once mil jóvenes españoles, no fue por culpa de Primo de Rivera, que mandó a jóvenes descalzos, sin munición y sin entrenamiento militar a luchar contra los rifeños, la culpa, lo no pongáis en duda, fue de las mujeres...

La guerra incivil, no fue porque un grupo de militares traidores a la patria se levantarán contra la democracia, fue de las mujeres, que querían tener los mismos derechos que los hombres, ¡Habrase visto mayor osadía! Que diría don Quijote.

Sí, las mujeres tienen la culpa que el emérito se haya llevado millones de euros a paraísos fiscales, y no los piense devolver a los españoles, también, y esto no es cachondeo, es por culpa de las mujeres o la fuerza de la Viagra.

Y es que las mujeres tienen la culpa de todo, más que nada, por parir indeseables que se creen que por tener un colgajo entre las patas, (que no las piernas), son mejores que las mujeres. También vale esto, para esas mujeres, que piensan como ellos...

Aunque en realidad, quienes echan la culpa a las mujeres, a las feministas, no lo hacen por otra cosa diferente, que por defender sus intereses de clase.

No os equivoquéis, el problema no son las mujeres, sino que a las personas que les da por pensar. No vaya a ser que puedan llegar a la conclusión que nadie es mejor ni peor, por haber nacido de un coño u otro, y que la dignidad no está entre las piernas, sino en las manos que trabajan y que luchan por un mundo mejor y más igualitario, tal y conforme hace el feminismo y quienes lo apoyamos.

Salud para todos quienes lucháis y pensáis que otro mundo más justo es posible.

Paco Arenas

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