lunes, 8 de julio de 2019

El beso (A ellos, que por amor a la vida y a la libertad, perdieron su vida y su libertad)



 (A ellos, que por amor a la vida y a la libertad, perdieron su vida y su libertad)

El beso dado sin vergüenza ni recato, con los ojos empañados por las lágrimas por la pérdida del último compañero tras el desastre.

Ese beso, que puede ser el último, dado con pasión, sin ilusión y sin posibilidad de otra oportunidad de amar, de ser amado, no merece debe caer en el olvido tras la última batalla, ese beso debe quedar en la Memoria.

Ese beso de la última batalla, tras la derrota, sabiendo que la victoria de los traidores será mucho peor que la peor de la guerra, que el enemigo no entiende de amores, solo de trincheras, no debe pasar al olvido, ese beso debe quedar en la Memoria.

El último beso, clandestino, con prisas, cinco minutos antes de ser detenidos, quince días antes de ser asesinados, sabiendo que la vida es infinitamente más frágil que la llama de una vela sin cera ni mecha, y que ya no habrá batallas de besos, miradas furtivas, ni palabras de amor   en las trincheras, ese beso debe quedar en la Memoria.

El beso que se da con recelo, de reojo, consciente de que el plomo mercenario de los traidores acecha, listo para sembrar el sufrimiento tras la última batalla, la rendición de los justos, tras la traición de Casado, ese beso, ha de perdurar en la Memoria.

Ese beso fiel, sin antagonistas eternos, que exige el derecho a existir, a respirar, consciente sabedor que la muerte victoriosa siempre, puede ser más dulce compañera que, tras la última batalla, caer prisioneros, ese beso, debe quedar en la Memoria.

Ese beso enamorado, del que nadie escribirá, ese adiós sin testigos, envuelto en luz, a pesar de la penumbra provocada por el humo de la pólvora, raptado por la vileza de los traidores, arrebatado en el último aliento, ese beso miliciano de los que lucharon por la libertad, ese beso ha de perdurar en la Memoria.

El beso sustraído al porvenir de los combatientes en la trinchera… El beso no dado por el soldado que no regresará para ver a la novia, en espera del hijo que anhela…  El beso de la madre que solloza sabiendo que no verá a su hijo… Esos besos jamás han de perdonarse, han de perdurar en la Memoria, nunca más en la trinchera.


❤️💛💜 ©Paco Arenas, autor de Magdalenas sin azúcar

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