lunes, 8 de junio de 2015

La prisión de San Miguel de los Reyes (recordando a Vicente Uixera y Teodoro Cañego)


Hoy este bello edificio que alberga la Biblioteca Valenciana, fue un lugar donde quienes soñaban con la libertad, la justicia y un mundo mejor. Quienes lucharon por ellas y perdieron, permanecieron los que deberían haber sido los mejores años de sus vidas transformados en pesadilla, angustia y desesperación tras sus barrotes. Algunos perecieron ante pelotones de ejecución o debido a las múltiples enfermedades carcelarias, otros lograron sobrevivir tras pasar por sus celdas regadas de sangre, hoy esplendidas salas de la biblioteca con resplandecientes suelos de mármol. 

Llego a albergar una población de más de 4.000 presos, hacinados y controlados férreamente, regida por un aparato administrativo compuesto por el Director, Administrador, tres Jefes de Servicios, un grupo de Oficiales y Guardias, el Maestro, un Médico y el Cura.


Por la mañana se repartía malta  más que aguada, además sucedáneo de muy mala calidad, que provocaba que muchas mañanas los presos se fuesen patas abajo. Al medio día cabezas de pescado nadando entre granos de arroz y agua, alguna vez lograban pescar arroz o algo de carne nadando en el agua, gorgojo.
Era una cárcel con poco personal de prisiones, sirviéndose de presos de confianza para suplir esas carencias, con mucha presión y varios recuentos diarios, por miedo a posibles evasiones.

Entre quienes sufrieron tras sus barrotes, estaban Teodoro Cañego, un buen hombre de La Mota del Cuervo y Vicente Uixera, ambos un ejemplo de dignidad y lucha para quienes con muy pocos años comenzábamos a demostrar nuestro descontento con la dictadura y la falta de libertad y justicia, ellos nos enseñaron el camino, y quienes estuvimos a su lado permanecemos en la misma senda, soñando con la libertad, con la libertad auténtica, no con sucedáneos como aquella malta que recibían por las mañanas, que nunca la mejor malta superó al peor café, nunca.  Queremos la libertad, la democracia, con todas sus consecuencias, exigimos nuestro derecho a equivocarnos y a rectificar si es preciso, poder elegir desde el más humilde de nuestros concejales hasta el jefe del Estado, sin imposiciones o ataduras dictatoriales. 

Hoy he estado en San Miguel de los Reyes y me he emocionado, más que ante los interminables pasillos llenos de estanterías repletas de libros, que siempre me emocionan, me he emocionado pensando en todos aquellos que soñaron libertad y sufrieron prisión.   He recordado a dos viejos amigos, a dos luchadores.  Todavía hoy recuerdo como se le iluminaban los ojos a Teodoro Cañego cuando hablaba de la República, como a pesar de la diálisis sacaba fuerzas para conspirar contra el tirano y su sucesor, recuerdo la vehemencia de Vicente Uixera, la profundidad de sus análisis, lo certero de sus conclusiones, su disposición a pesar de la edad para dar hasta la última gota de su sangre por la libertad. 

Han sido sensaciones, han sido añoranzas, han sido deseos que hombres como aquellos vuelvan a poblar las tierras de España, hoy me he emocionado, he sentido dolor, pero también esperanza, pensando en ellos.

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