martes, 1 de octubre de 2019

¿Patriotismo de trapo o de puchero? España o la patria como arma contra España, o la patria por parte de presuntos patriotas





Decía don Manuel Azaña, el último presidente de España, elegido de manera democrática, hace la friolera de 83 años:

«Nadie tiene el derecho de monopolizar el patriotismo, y que nadie tiene el derecho, en una polémica, de decir que su solución es la mejor porque es la más patriótica; se necesita que, además de patriótica, sea acertada.»

Desde un tiempo a esta parte, desde la extrema derecha principalmente, pero también desde posturas supuestamente democráticas, por supuesto de derechas. Se ha dado por hacer, de eso que llaman patriotismo, un arma arrojadiza contra los españoles que tenemos otro concepto de patria diferente al que tienen ellos, esos que se auto proclaman patriotas; pero que reducen su patriotismo a un trozo de tela, sin ver ni mirar más allá de sus narices.

Es cierto, no lo niego, que esas muestras, de presunto patriotismo, a algunos nos producen risa.

Poner una bandera en el balcón, perdonen ustedes, no es ser patriota o ser más español que quien no la pone. Tampoco añade valor estético a la fachada o edificio, y en muchas ocasiones se puede hacer el ridículo, más porque algunos no saben lo que deben poner abajo, arriba, a derecha o izquierda, otros, para no liarse, o ponen el trozo de tela sin escudo, tal y conforme les ha dado en el ayuntamiento de Madrid y en la más que prescindible «comunidad autónoma» de por poner la bandera, tapando bonitas fachadas. Sobre gustos estéticos, nada que opinar.

Siempre, en España, veíamos ridículo que los yanquis colocasen banderas en sus casas. Ahora, no quiero pensar lo qué se imaginan los turistas ante tanta «exaltación patriótica», con tanta bandera en fachadas y balcones, muchas descoloridas, sucias y con cagadas de palomas y otros pájaros, mientras que los habitantes de dichas viviendas se dejan pisotear y arrebatar derechos esenciales, y hasta el puchero de sus hijos.

El patriotismo de trapo está de moda, lo que no está de moda es el patriotismo de verdad, el de defender los derechos y el puchero. España es mucho más que una bandera, que una palabra o el nombre de un país. Y feo está que desde la extrema derecha se utilice el supuesto patriotismo contra otros conceptos, posiblemente mucho más patrióticos que trozos de trapo «Made in China» en muñecas o balcones.

Es falso que ser fascista o de derechas sea más patriótico que ser de izquierdas o republicano. Del mismo modo que es estúpido y una falacia que alguien piense que las izquierdas nos avergoncemos de la palabra España, siendo muchos los partidos y organizaciones de Izquierda que llevan la palabra España en su nombre. Así que menos patriotismo de trapo, y más de defender los derechos de los españoles, más defender el puchero de nuestros hijos, porque lo que realmente avergüenza es que se utilice la palabra España, o el patriotismo como arma arrojadiza contra españoles, catalanes, vascos, gallegos, valencianos..., de izquierdas o de derechas. Y puestos a poner banderas, mejor la bandera de España, la de la República Española, claro está. 

Y si comienzo este texto con las palabras del último presidente de España elegido de manera democrática, os dejo con un gran poeta español, don Antonio Machado, que explica mejor que yo nuestro patriotismo:

«Los últimos años de la ida española han cambiado profundamente nuestra psicología. Acabamos de cosechar muy amargos frutos; y el recuerdo del reciente desastre nacional, surge en nuestro espíritu como una nube negra que nos vela el épico sol de otros días.
Tras un largo período de profunda inconsciencia, en que no faltaron lauros para los viejos héroes, ni patrióticas charangas, ni cantos de cuartel, perdimos –como todos sabéis- los preciosos restos de nuestro imperio colonial. Fue éste un golpe previsto por una minoría inteligente y que sorprendió a los más. Imaginaos al pueblo español como a un hombre que, inesperadamente, recibiera un fuerte garrotazo en la cabeza, cayera a tierra sin sentido y al recobrarlo, se levantara preguntando: ¿Dónde estoy?

Comenzamos a despertar y a mirar en torno nuestro.
Acaso el golpe recibido nos pondrá en contacto con nuestra conciencia.

Por lo pronto, nuestro patriotismo ha cambiado de rumbo y de cauce. Sabemos que ya que no se puede vivir ni del esfuerzo, ni de la virtud, ni de la fortuna de nuestros abuelos; que la misma vida parasitaria no puede nutrirse de cosa tan inconsistente como el recuerdo; que las más remotas posibilidades del porvenir distan menos de nosotros que las realidades muertas en nuestras manos. Luchamos por libertarnos del culto supersticioso del pasado.

¿Nos valió, acaso el heroísmo de Castro y Palafox para salvar nuestro prestigio, en jornadas recientes que no quiero recordar? ¿Vendría en nuestra ayuda la tizona de Rodrigo, si tuviéramos que lidiar otra vez con la misma? No creemos ya en los milagros de la leyenda heroica.

Somos los hijos de una tierra pobre e ignorante, de una tierra donde todo está por hacer. He aquí lo que sabemos.
Sabemos que la patria no es un finca heredada de nuestros abuelos; buena no más para ser defendida a la hora de la invasión extranjera. Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo para la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o abandona, la pierde, aunque sepa morir. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra; que no basta vivir sobre él, sino para él; que allí donde no existe huella del esfuerzo humano no hay patria, ni siquiera región, sino una tierra estéril, que tanto puede ser nuestra como de los buitres o de las águilas que sobre ella se ciernen. No sois patriotas pensando que algún día sabréis morir para defender esos pelados cascotes; lo seréis acudiendo con el árbol o con la semilla, con la reja del arado o con el pico del minero.»

Antonio Machado

Grandes don Antonio Machado y don Manuel Azaña, dos intelectuales de verdad.


Paco Arenas, autor de Magdalenas sin azúcar

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