jueves, 30 de octubre de 2014

EL HERIDO "Para la libertad", Miguel Hernández


En estos tiempos de latrocinio generalizado, siempre es bueno saber que la libertad no te la regalan, es necesario luchar por ella y arrebatársela a los ladrones y usurpadores que no la robaron del mismo modo que ahora nos roban nuestro presente y el futuro de nuestros hijos. La libertad debe ser nuestra máxima prioridad, pero de nada sirve la libertad sino va acompañada con el resto de valores de la República, la igualdad de oportunidades, el derecho a una educación que no distinga de clase sociales, a una sanidad pública y gratuita, a la justicia social, a la fraternidad aplicada de tal forma que sea garantizada por la conciencia colectiva del pueblo. No podemos consentir más estar bajo los designios de mentes criminales y ladrones, es necesaria una revolución democratica que expulse para siempre de  las instituciones a quienes ensucian la palabra DEMOCRACIA.

Para la libertad

Para el muro de un hospital de sangre.

I

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.


La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.

II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.



Tal vez también te interese:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...