sábado, 27 de septiembre de 2014

CANTO A LAS MADRES DE LOS MILICIANOS MUERTOS (Pablo Neruda)






NO han muerto! Están en medio 

de la pólvora, 
de pie, como mechas ardiendo. 
Sus sombras puras se han unido
en la pradera de color de cobre 
como una cortina de viento blindado,
como una barrera de color de furia, 
como el mismo invisible pecho del cielo.

Madres! Ellos están de pie en el trigo, 
altos como el profundo mediodía, 
dominando las grandes llanuras! 
Son una campanada de voz negra 
que a través de los cuerpos de acero asesinado
repica la victoria.
                         Hermanas como el polvo
caído, corazones
quebrantados, 
tened fe en vuestros muertos! 
No sólo son raíces 
bajo las piedras teñidas de sangre, 
no sólo sus pobres huesos derribados 
definitivamente trabajan en la tierra, 
sino que aun sus bocas muerden pólvora seca
y atacan como océanos de hierro, y aun 
sus puños levantados contradicen la muerte.

Porque de tantos cuerpos una vida invisible
se levanta. Madres, banderas, hijos! 
Un solo cuerpo vivo como la vida:
un rostro de ojos rotos vigila las tinieblas 
con una espada llena de esperanzas terrestres! 

Dejad
vuestros mantos de luto, juntad todas
vuestras lágrimas hasta hacerlas metales:
que allí golpeamos de día y de noche, 
allí pateamos de día y de noche,
allí escupimos de día y de noche
hasta que caigan las puertas del odio!


Yo no me olvido de vuestras desgracias, conozco 

vuestros hijos
y si estoy orgulloso de sus muertes, 
estoy también orgulloso de sus vidas.
                                                       Sus risas
relampagueaban en los sordos talleres,
sus pasos en el Metro
sonaban a mi lado cada día, y junto
a las naranjas de Levante, a las redes del Sur, junto
a la tinta de las imprentas, sobre el cemento de las arquitecturas
he visto llamear sus corazones de fuego y energías.


Y como en vuestros corazones, madres,

hay en mi corazón tanto luto y tanta muerte 
que parece una selva
mojada por la sangre que mató sus sonrisas, 
y entran en él las rabiosas nieblas del desvelo 
con la desgarradora soledad de los días.


Pero

más que la maldición a las hienas sedientas, al estertor 
         bestial
que aúlla desde el África sus patentes inmundas,
más que la cólera, más que el desprecio, más que el llanto,
madres atravesadas por la angustia y la muerte, 
mirad el corazón del noble día que nace,
y sabed que vuestros muertos sonríen desde la tierra
levantando los puños sobre el trigo.
La presente Antología de Pablo Neruda es publicada con fines de difusión y estudio de la obra del Poeta y está prohibida su
reproducción con fines comerciales o de uso público. Todos los derechos pertenecen a la Fundación Pablo Neruda.

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