jueves, 27 de noviembre de 2014

Los que somos de izquierdas y republicanos.


Debiera estar yo muy contento, al fin y al cabo en cierto modo, lo que defiende Podemos, en teoría, es lo que yo siempre he defendido en los últimos años, baste leer el escrito que lleva por nombre “En dirección a la República”, donde abogo por intentar atraer a las personas de distinta ideología, incluyendo las gentes honradas de la derecha, hacía la causa republicana, de la necesidad de no causar miedo. La República debe ser de todos, decía por ejemplo:


Hay mucha gente joven, no solo de ideas progresistas, sino incluso centristas o derechistas que se confiesan republicanos, pero les tira para atrás el simbolismo, tienen recelo a denominarse republicanos, por estar esta definición muy unida ideológica y sicológicamente a una parte muy definida de la izquierda, una parte de la izquierda que les da miedo, lo cual hay que intentar superar.  Sin darnos cuentas, yo el primero, cargo mucho las tintas con mi republicanismo, tanto cargar las tintas puede ser contraproducente, si bien es cierto que para nada me conformo con un simple cambio de modelo de Estado, sino que quiero y deseo y luchó por una República inspirada en los principios de la segunda República Española, con su espíritu netamente progresista y democrático, con sus ideales de justicia e igualdad, con sus símbolos propios, escudo y bandera.



En teoría aquello que decía yo hace dos años se asemeja bastante a esto que defiende Podemos. ¿Entonces por qué mis reticencias y desconfianzas?


La Segunda República fue posible gracias a la suma de voluntades de diversos partidos de distinta ideología — su primer presidente Niceto Alcalá Zamora, era una persona de derechas y católico —dispuestos a transformar España en un Estado moderno y avanzado ante el caos y la corrupción reinante llevada a cabo tanto por la monarquía, como por la dictadura y el bipartidismo de la época, Conservadores y Liberales, que sumían a la penuria económica y social a un pueblo analfabeto y hambriento, mientras que desde el Rey para abajo todos robaban, cazaban y pagaban prostitutas a costa de la miseria y el hambre del pueblo,   salvando las distancias históricas una situación bastante semejante a la actual.

No se trataba de una sola organización que pretendía acaparar todos los estratos ideológicos de la ciudadanía, sino organizaciones y personas que se sumaban, con independencia de su ideología en pos de una idea en la que estaban todos de acuerdo, la instauración de la República, como única manera posible de sacar España del pozo de la historia. Y cada una de las organizaciones mantenía su ideología y sus principios, eran de derechas, de centro o de izquierdas, con distintos y diferentes matices, todos republicanos.


¿Se puede en un solo partido aglutinar toda esa diversidad ideológica? ¿Se puede realmente no ser ni de izquierdas ni de derechas? Yo realmente no lo creo, como no creo que se pueda hacer un viaje al centro político desde la izquierda en tan poco tiempo. No se trata de llegar al poder, sino llegar con las ideas claras y sin ambigüedad. Si se trata solo de ganar las elecciones, para luego actuar modelándose por el camino intentando contentar a todos, adelante, hasta ahora es lo que algunos estamos viendo, pero quien mucho abarca poco aprieta y sin una definición clara de las posiciones ideológicas y unas actuaciones en consecuencia, el daño que puede causar a la izquierda, al pueblo puede llegar a ser irreparable. No se puede contentar por igual a una persona de izquierdas a una de derechas, a un empresario y a un trabajador.

Por otra parte vemos como se va tirando lastre por el camino con tal de atraer electorado de todo tipo de ideologías, con lo cual tal y conforme dice mi amigo Javier Sánchez-Mota, corre el riesgo de decepcionar a gran parte del electorado, lo cual llevará a las primeras de cambio a la pérdida de un gran número de votos como castigo en el momento que no pueda contentar a todos. Convirtiéndose en un partido efímero, causando unos daños de credibilidad en la izquierda difíciles de calcular.

Su ascenso imparable, por lo que se ve,  no se puede basar en hablar de la casta, como si fuese necesario destruir todo lo viejo, o tuviesen la malaria o el ébola, que está más de moda.  No se puede meter en el mismo saco a todos los partidos que llaman del Régimen del 78. Lo que dice Podemos, lo llevamos diciendo y defendiendo muchos antes del 15-M, durante y después, pero sin ambigüedades, diciendo con claridad que somos de izquierdas y republicanos y que deseamos un Estado democrático basado en la ética republicana y socialmente avanzado.


Yo no soy profesor, como la mayoría de los dirigentes de Podemos, de hecho apenas fui a la escuela, pero tengo claro que no me gusta nada la ambigüedad, que me gusta las cosas claras y que votaré a aquella opción que hable con claridad sobre sus objetivos, esa ambigüedad no solo se da en Podemos, también en algunos sectores de Izquierda Unida, desatinos como el apoyo o dejar hacer o gobernar al PP extremeño o su participación en un gobierno como el de Andalucía, con una presidenta  que mira para otro lado en los temas de corrupción, no se pueden ni se deben permitir. La izquierda, como la mujer del Cesar, no solo debe ser honrada, sino parecerla.


Posiblemente, y a mí no me pesará, Podemos será la fuerza más votada, llegará a ganar las elecciones, gobernar eso es harina de otro costal, la gente que le vota quiere realidades casi inmediatas, porque inmediatas son sus necesidades, para ello deberá llegar a pactos, de lo contrario o incluso a pesar de ello, Podemos no resistirá el empuje de quienes tienen realmente el poder, tendrá que llegar a pactos, y puestos a pactar sería deseable que con las ideas claras y si es posible, de izquierdas y republicanas.


Viendo lo que Podemos va mutando desde sus inicios, todavía no he perdido la esperanza que se defina como republicano y de izquierdas y en lugar de despreciar a otras fuerzas de izquierdas y republicanas, sume fuerzas y pronto en España podamos hablar de un país que ha dejado atrás la corrupción y algo tan anacrónico como la monarquía franquista, donde tengamos un Estado al servicio del pueblo, en lugar de como en la actualidad al servicio de las mafias.
Para terminar me quedo con la frase de Xosé Manuel Beiras:

"Si Podemos quiere no solo ganar sino hacer efectivo el patrimonio que alcance, tiene que pensar en una alianza de clases, y eso es efectivamente una idea de izquierdas"

Publicado también en Unidad Cívica por la República




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