domingo, 4 de noviembre de 2012

Paseos al alba(Oropesa del Mar) Fotografias



Un placer al que no renuncio cuando voy a un lugar es al paseo matinal, cuando las luces del alba comienzan a hacer su aparición, cuando el sol del verano todavía no ha hecho acto de presencia con todo su poderío.  Son paseos tranquilos, pasos sosegados, sin prisas y sin destino concreto, en ocasiones andando en otras como en este caso en bicicleta. 

Pedaleo o camino fijándome en los detalles de las viejas construcciones y desechado las monstruosas  modernidades, tal vez porque pertenezco a otra época o porque mis huesos y mis ojos pertenecen a otro mundo más tranquilo y sosegado que al actual.

En esta ocasión mi paseo comienza a las seis y media de la mañana, junto a una vieja torre de vigilancia, Torre de la Sal, en la Ribera de Cabanes, descarto la idea de hacer unas fotos a esas horas, las lagunas del parque Nacional están repletas de mosquitos, por lo que decido dejar las fotos para más tarde. La Torre de la Sal fue construida como torre vigía  para prevenir incursiones piratas.


continuo mi pedaleo ignorando las construcciones que hay a mi derecha, paro ante un conjunto de duchas en forma de elefante, pienso, “mira estos de Marina del Horror se han dado cuenta que el elefante es símbolo de futuro, de la futura tercera república que ha de venir y se han adelantado a los acontecimientos”.  Resulta curioso las simpatías que ha despertado este hermoso e interesante paquidermo, símbolo de los muy reaccionarios republicanos americanos, una parte de  la sociedad española, como sin quererlo y sin querer parecernos a ellos, los republicanos españoles hemos adoptado el elefante como símbolo de la futura república en solidaridad por la inútil muerte, por placer, de un elefante en tierras africanas un catorce de abril.



















Ya sobrepasado ese engendro urbanístico, ese atentado contra el buen gusto, que es Marina del Horror,  continúo mi paseo por la playa hasta Oropesa del Mar, estoy cansado y me paro a tomar un café en una churrería que está cerca de la playa, acompaño el vitalizante café con un par de porras recién hechas.
 Acto seguido me encamino directamente en dirección de la parte antigua de Oropesa del Mar, me encuentro solo gatos,  como únicos ocupantes de la vía pública. Me topo con un pueblo autentico, con personalidad que nada tiene que ver con los horribles apartamentos de la playa, donde el ayuntamiento, ha colocado en todas las farolas del casco viejo unos versos que invitan a la meditación.





termino mi paseo matinal metido en el taller de un anticuario de nombre Antonio que amablemente me muestra su exposición.
Cuando las gentes comenzaban a asomar la cabeza por las puertas, vuelvo a la churrería y compro una docena de porras, casi tan buenas como las que hace mi paisano Eusebio, junto a la estación de Tránsitos en Valencia, Regreso al apartamento con los churros en la mochila, sudando por el calor de los churros, por el sol que comienza a mostrar su fuerza y porque pedalea cuesta arriba...

En el apartamento  todavía están durmiendo todos los miembros de mi familia, por lo que aún me da tiempo de preparar el chocolate antes de despertarlos para ir a tostarnos a la playa como unas gambas sin gabardina, aunque yo  me pondré a remojo como los garbanzos entre paseo y paseo hasta la Torre de la sal, donde los mosquitos se han echado la siesta, borrachos de sangre de distintos sabores y nacionalidades.










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