sábado, 27 de julio de 2013

FERNANDO VI "EL MELANCÓLICO"



Introducción:
Fernando VI, fue un Borbón singular, se asemejo mucho a su padre,  en el último año de vida en lo referente a su locura melancólica, tras la muerte de su esposa. Tuvo una vida muy desgraciada, de esas que dan pena y hace que te solidarices con su persona, a pesar de haber sido rey y Borbón , no tuvo descendencia, por lo tanto no es antepasado de ningún otro rey habido en España, lo cual me ayuda a tratarlo con algo más de cariño. Supo ver la belleza interior de su fea esposa, fue un hombre que busco la paz y el progreso para España, siempre con las amenazas conspiratorias de su malvada madrasta Isabel de Farnesio a la cual desterró...
 


Quiso mucho a su malogrado hermano Luis I, le casaron por poderes, sin conocer a su esposa, a la cual para pintar el retrato, los pintores debían hacerlo a cierta distancia y aun así para ocultar sus cráteres provocados por la viruela le untaron arcilla, él oculto el retrato para que nadie lo viese, pero al final supo encontrar la belleza interior de su reina y murió de amor y melancolía y locura de amor un año después de la muerte de su amada. Haciéndose efectiva una vez más la falsedad de que siempre  termina floreciendo el bien, la maldad de su madrastra una vez más consiguió la victoria, al morir él, la reina madre, la madrastra mala, malísima de cuento cumplía su sueño de ver a un hijo suyo como rey de España, curiosamente esta madrastra sobrevivió a todos los hijos nacidos de la primera esposa de Felipe V, María Luisa de Saboya.


Aquí presento el tercer rey de la dinastía Borbónica:


FERNANDO DE BORBÓN Y SABOYA- FERNANDO VI “EL MELANCOLICO”
Fernando no conocería a su madre pues ésta muere, aquejada por una tuberculosis pulmonar, cuando él no había cumplido seis meses. De sus cuatro hermanos tan sólo conoció a Luis. El cual oficialmente  murió aquejado de viruela.
Fernando VI vivió una infancia desgraciada, con la omnipresencia de su malvada madrastra, su única compañía fue su hermano Luis, presuntamente contagiado  de viruela presuntamente  por maniobras de su madrastra. Siendo ya príncipe de Asturias, estuvo apartado de la Corte y del Consejo de Estado por orden de su padre Felipe V, estaba claro que quien tomo esa funesta decisión, una vez más fue Isabel de Farnesio que aspiraba a que fuese su hijo Carlos el sucesor de Felipe V, también ella se había encargado de que su educación fuese lo más nefasta posible,  aislada e inculcándole miedo a todo, hasta el punto de desarrollar una personalidad tremendamente hipocondriaca.

 A pesar de los maquiavelismos de su madrastra, de golpe y porrazo  se vio convertido en rey de España sin ningún tipo de preparación política, no obstante demostró un temperamento pacífico y predispuesto a modernizar España de manera mucho más humilde y menos arrogante que sus predecesores y con mucha mayor sensatez.

La Parmesana Isabel de Farnesio, amañó la boda  de su hijastro intentando casarlo con su cuñada Isabel de Orleáns, viuda de su querido hermano Luis, pero Fernando se opuso, conociendo el historial de su cuñada. Entonces Isabel de Farnesio busco una alternativa que favoreciese sus intereses sin importarle para nada la decisión de Fernando.  Isabel La había intentado casar a su hija María Ana Victoria con el delfín francés, Luis XV, pero este se negó, y urdió un plan que le salió perfecto, amaño la boda con el hijo de Juan V, rey de Portugal, el príncipe José de Brasil, para atar todo con nudo marinero, incluyo en el lote el casamiento de Fernando, príncipe de Asturias con la princesa multi-nombre María Magdalena Bárbara Xavier Leonor Teresa Antonia Josefa de Braganza, creándose una gran alianza hispano lusa, y convirtiendo a su hija en futura emperatriz de Portugal.
Bárbara de Braganza,  según cuentan eran más fea que pegarle a un padre con un calcetín sudado, su padre llego a decir: “que sentía hubiera de salir de su reino cosa tan fea”.  Su rostro estaba deformado por la viruela, era rechoncha  y de baja estatura. Sin embargo le dio a su marido lo que necesitaba el afecto y el cariño que solo había tenido por parte de su malogrado hermano Luis. La noche de bodas la comenzaron con la presencia de los reyes de España y Portugal en la alcoba, que una vez vieron que se prestaban a consumar el acto, volvieron gozosos a sus estancias.  A pesar de los recelos de Fernando a juzgar por su testimonio el matrimonio fue consumado con gran goce: “Por la mañana eran las ocho y media y no les habían llamado y habiendo despertado se levantó S.A. y salió a vestirse a la pieza donde se desnudó con señas de victorioso en amorosa batalla no obstante de ser tan poderoso el enemigo y aquí viene bien…”



La fealdad de la Princesa fue superada por sus cualidades humanas, su gran preparación, e inquietud intelectual. Poseía una gran biblioteca, hablaba varios idiomas, gustaba escuchar música clásica y danzar, y esto fue lo que primó en el matrimonio. Fernando la amó, con todas sus fuerzas, y a pesar  de que no fueron fértiles y no pudieron tener hijos su historia de amor de novela rosa, la mayor dificultar era aguantar a Isabel de Farnesio, que como ya he dicho anteriormente, término expulsándola de la corte, a la Granja de San Idelfonso.
Intento por todos los medios mantener la neutralidad de España en los conflictos entre Francia e Inglaterra que intentaron su implicación, primero Francia conquisto Menorca a los ingleses y la ofreció a España a cambio de su alianza, más tarde Inglaterra ofreció Gibraltar  a cambio de su alianza contra Francia, Fernando VI había visto tantas guerras innecesarias, provocadas por las ambiciones de su madrastra, que evito su implicación en cualquiera por muy bien que le sirviesen las propuestas.

El último año de su vida, y a consecuencia de la muerte de esposa en 1758, Fernando VI se volvió tremendamente melancólico, permaneciendo encerrado  en Villaviciosa de Odón (Madrid), sumido en profunda locura, la administración quedo paralizada en una España sin rey, pese a lo cual la monarquía siguió funcionando hasta que llegó de Nápoles su hermanastro Carlos, el futuro Carlos III, para hacerse cargo del trono español tras el fallecimiento de Fernando VI, el 10 de agosto de 1759, cumpliéndose así los deseos de su católica majestad la reina madre Isabel de Farnesio.

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