martes, 30 de julio de 2013

CARLOS III, "EL DESPOTA ILUSTRADO" o el instaurador de la nariz borbónica de elefante


Carlos III fue hijo del primer rey Borbón que gobierna en España, Felipe V ”El Guarro” y de Isabel de Farnesio “La madrastra, mala malísima”.   Acedió al trono español tras el fallecimiento de su hermanastro, Fernando VI “El Melancólico” que a su vez había sucedido a Luis I “El Robamelones”.    Fue por tanto, el tercer hijo de Felipe V que ostentó la corona del España. Tenía experiencia, al haber sido rey de Nápoles...


Carlos III fue un rey que no se le pueden criticar muchas cosas, fue un gran alcalde de Madrid, transformo el estercolero que era en una ciudad a imitación de Paris,  siguiendo el lema del Despotismo Ilustrado “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.   La capital de España pasó de ser la pequeña villa de los Austrias, donde únicamente se centraba la administración del Estado, a una auténtica ciudad, al estilo europeo. Existían altos grados de insalubridad,  los cerdos andaban libremente por sus calles, así como todo tipo de animales, el andar por sus calles sucias era preciso sortear el estiércol de los caballos y el orín de los cerdos, mezclado con gallinaza y defecaciones varias, incluyendo las aguas sucias que volaban desde las ventanas .    En definitiva no había un buen sistema de desagüe. No obstante, Madrid era punto de salida y llegada de tres vías comerciales: Castilla (desde la que llegaban cereales y ganado), las ciudades costeras (que conectaban con el Mediterráneo y el Atlántico) y la América colonial.  Carlos III intento cambiar esta situación, consiguiéndolo en parte;  la ciudad fue embellecida, se construyeron palacios, la famosa diosa Cibeles, la Puerta del Sol, la Academia de Bellas Artes…


Sufrió su propia revolución, el motín de Esquilache, La movilización popular fue masiva y llegó a considerarse amenazada la seguridad del propio rey. No obstante, a pesar de su espectacularidad y su extensión o coincidencia de revueltas por causas semejantes en otros lugares de España, la más evidente consecuencia política del motín se limitó a un cambio de gobierno que incluía el destierro del marqués de Esquilache, el principal ministro del rey, al que los amotinados culpaban de la carestía del pan, y que se había hecho extraordinariamente impopular como consecuencia de la prohibición de algunas vestimentas tradicionales.  Su condición de italiano contribuyó de forma importante a ese rechazo. Las iniciales medidas de apaciguamiento y el especial cuidado que a partir de entonces se puso en el abasto de Madrid fueron suficientes para garantizar el orden social en los años siguientes.


Algo sumamente importante, casi lo más importante de su reinado (IRONIA) fue darle la independencia administrativa a Pinarejo el 23 de Julio de 1765, con respecto al Castillo de Garcimuñoz, dejando de ser aldea para convertirse en municipio, hay que decir que el proceso se comenzó con Fernando VI, por tanto Pinarejo como municipio independiente tiene ahora 248 años justos, ya veremos si llega a los 250, si se fusionan ayuntamientos por los recortes.


Era un rey muy aburrido, por lo que no dejaba de ser un rey y un déspota que dio poco que hablar, una muestra de su aburrida persona era su menú:

El menú de Carlos III:

Cada mañana desayunaba chocolate, siempre en la misma taza. Además, los platos del almuerzo y de la cena eran idénticos: sopa, ternera asada, un huevo fresco, ensalada (con agua, azúcar y vinagre) y vino dulce de canarias.  Cuentan que en una ocasión se olvidaron del huevo y ya no comió nada en todo el día.


Carlos III, quien por cierto, vivía atemorizado por la locura que padeció su padre, su hermanastro  y también padecía su hijo,  se sometía para evitarla a un obsesivo y metódico modo de vida.

Fue  muy mal hermano, arrebató a su hermano el infante Luis todos los honores y títulos, le obligó a contraer un matrimonio morganático, o sea con una persona de rango inferior, designada por él,  determinando  que los hijos de dicho matrimonio no llevarían el apellido Borbón ni serían considerados parte de la familia real.



El hermarno del rey hubo de casarse con la zaragozana Teresa de Vallabriga, hija de un militar. Tuvieron tres hijos: Luis, Teresa y Maria Luisa, que llevaron el apellido Vallábriga durante la primera parte de su vida.  Muerto Luis en 1785,  su esposa y su hija Teresa y María Luisa fueron encerradas en un convento para evitar que contrajeran matrimonio con algún noble y allí estuvieron encerradas hasta que la reina María Luisa de Parma tuvo necesidad de una consorte de rango para su amante Godoy e intrigó para que su marido Carlos IV les devolviera el apellido Borbón y las llevara a la corte, es decir que fueron encerradas por miedo a hacer sombra en el trono y salieron para poder hacer al rey Carlos IV el cornudo mayor del imperio español.    Fue así como Teresa de Borbón y Vallábriga contrajo matrimonio con Godoy en 1796, tras pasar toda su vida en el destierro y una década encerrada en un convento.
Con esta  esta boda, nacieron nuevos  horizontes a los hijos del hermano de Carlos III, pero eso pertece a otra historia borbónica, ahora estamos con Carlos III.

Aunque a sus fundaciones les puso de nombre San Carlos, como estamos viendo, de santo no tenía nada y era un cacho cabrón como los anteriores.
Soy castellano y me siento orgulloso de ello, pero no me gusta que se imponga mi lengua a la fuerza, este rey, Carlos III, tuvo la “brillante”  idea de que todos los pueblos bajo su dominio en América se expresasen en castellano y que la lengua de Castilla fuese el idioma único y universal en sus dominios, ordenando que se construyeran escuelas en todos los pueblos indios y se enseñase a los indios a leer y escribir en castellano, algo realmente irónico, ya que en España, no puso ningún interés para que los niños aprendiesen a leer y escribir en su propia lengua, al mismo tiempo prohibió el uso de las lenguas indígenas, para lo cual  elaboro un catálogo de severos castigos, al mismo tiempo que se daba preferencia a los castellano parlantes  para acceder a determinados oficios. Fracasando por la falta de recursos, la dificultad geográfica por lo extenso del imperio y sobre todo por la oposición de los terratenientes criollos, que pensaban que “un indio leído era un indio perdido”.

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