martes, 26 de noviembre de 2013

La bandera rojigualda y su conexión histórica con el franquismo


Escrito por Luis Egea
Hoy en día hay una pregunta que se cuestiona muchas veces en la calle: ¿Por qué se llaman fachas a quienes utilizan la bandera rojigualda?. 

Lo primero que debemos saber, es que la bandera rojigualda representa en España la hegemonía de los borbones desde hace cientos de años, pero fue en el año 1785 cuando se aprobó utilizar las tres franjas: roja, amarilla y roja, por un decreto firmado por el rey Carlos III. Durante la primera República (1873-1874) una comisión del Ayuntamiento popular de Madrid presentó una proposición a las Cortes Constituyentes para que adoptasen por bandera nacional la tricolor de faja morada, propuesta que fue rechazada, por lo que la roja y gualda siguió siendo la bandera representativa incluso durante el efímero periodo republicano.

Tendría que llegar la Segunda República (1931-1939) para que se oficiase un cambio en los colores de la bandera nacional. En este sentido, se aprobó por un decreto del Gobierno Provisional de la República con fecha 27 de abril de 1931, que la bandera nacional llevaría tres colores: rojo, amarillo y morado. A esta bandera que se la conocería popularmente como "tricolor".

El origen de la franja morada en la bandera republicana, tiene varias teorías: algunas personas aluden este color a la bandera bordada en Granada por la heroína Mariana Pineda, otras consideran que el cambio se debe al pendón morado de Castilla. Finalmente existe una creencia que afirma que la tricolor venía influenciada por la tríada jacobina de la Revolución Francesa, con el lema: "Libertad, Igualdad, Fraternidad". Es difícil, decidirse por una teoría o por otra, porque todas podrían ser factibles. Lo cierto es que la tricolor, es una bandera que tiene las raíces en el propio pueblo y en sus conquistas sociales hacia los poderes fácticos que lo dominan y esclavizan.

Al pueblo español le duró poco la libertad y la democracia. Una conspiración sediciosa contra el gobierno legítimo de la república, iniciada a través de un golpe militar fascista el 18 de julio de 1936, restituiría la bandera rojigualda como símbolo patriótico y sustituiría a la bandera republicana. La conexión histórica de la bandera rojigualda con el franquismo, tiene su origen el mismo 18 de julio de 1936, cuando un golpe militar fascista liderado por el general Franco derrocó mediante las armas al gobierno democrático de la República. El ejercito franquista utilizaría la mencionada bandera rojigualada como símbolo patriótico de “Una, Grande y Libre”.

Ese trozo de tela, durante muchos años fue el estandarte del sistema represivo franquista y de la dictadura. En nombre de esa bandera, se perpetraron muchos crímenes, entre ellos cientos de miles de personas -en su mayoría civiles- que serían asesinadas y estuvieron represaliadas de la sociedad durante más de cuarenta años. La apropiación de esta bandera para defender los ideales fascistas y del nacionalcatolicismo, se utilizaron como arma arrojadiza para asesinar, encarcelar y humillar a personas con distintos ideales políticos, sobre todo republicanos. Fue tanto el dolor causado bajo esta bandera, que no resulta extraño que la rojigualda se ganase una fuerte hostilidad hacía su significado y lo que representa.

Hay que recordar, que las multas durante el franquismo fueron múltiples y las causas también, por ejemplo; el día del Corpus era obligatorio engalonar los balcones y terrazas con la bandera rojigualda, no hacerlo conllevaba multas de hasta 500 pesetas por parte de las autoridades. De la misma forma, negarse a pagar el Auxilio Social, el llamado Plato Único, la Ficha Azul, no hacer el saludo fascista cuando se tocaba el Himno Nacional, pasear por zonas prohibidas, blasfemar contra Dios, injuriar a Franco o al Movimiento Nacional, no cerrar el comercio durante una procesión o no enseñar religión en la escuela, eran motivos de sanción y una fuerte represión.

Al contrarío que lo que ocurre con la bandera rojigualda, la bandera republicana o tricolor, supuso un anhelo de libertad, de esperanza y de ilusión para un pueblo que vivía bajo la opresión, el analfabetismo y la pobreza. La bandera republicana aún siendo relegada en España, fue mantenida oficialmente desde el Gobierno de la II República en el exilio y se convirtió en el buque insignia de la lucha y la resistencia antifranquista.

El ser humano nace libre y todo lo que sean imposiciones polarizan una respuesta negativa, si bien es cierto que los símbolos comunican y las ideas se defienden; la bandera rojigualda todavía inspira el terror por las atrocidades cometidas en su nombre. Por esa razón, se le ha colocado históricamente el San Benito de ser "facha", por ser utilizada por los fascistas, los católicos, los monárquicos o los derechistas. Por ello, un importante sector de nuestra población no se identifica con ella o le da vergüenza decir un ¡Viva España!.

Lo más curioso de todo, es que la bandera rojigualda continuó ondeando después de la muerte del dictador Franco, porque vino incluida en el lote de las imposiciones aprobadas en el referéndum de 6 de diciembre de 1978; dónde no se le preguntó al pueblo si quería una República o una Monarquía. De esta forma, la bandera rojigualda incomprensiblemente seguía luciendo el "aguilucho" de San Juan, símbolo utilizado por el régimen de Franco hasta el 5 de octubre de 1981, fecha en la cual se sustituiría por la actual bandera del Reino de España con el escudo de los borbones. Si bien los anagramas son diferentes respecto a la bandera franquista; los colores rojo y gualda permanecen y continúan asociados al franquismo.

Para cualquier persona del mundo, el ser portador de símbolos patrios se significa como motivo de orgullo y de admiración a la tierra a la que uno pertenece o ha nacido; sin embargo, en España esto no sucede. En muchas ocasiones observamos que los ciudadanos prefieren utilizar las banderas de sus comunidades autónomas o de sus respectivos municipios, antes que la bandera rojigualda. Por otro lado, resulta significativo, que en la mayoría de las manifestaciones que reivindican cambios en la sociedad ondean banderas tricolores republicanas. Evidentemente los valores republicanos son más democráticos que los valores monárquicos, por mucha monarquía parlamentaria que nos quieran vender.

Hoy en día, son los políticos y sus comportamientos corruptos y faltos de toda ética democrática, quienes más promueven el desprecio a los actuales símbolos del Reino de España. En mi opinión, los ciudadanos deberían de tener la oportunidad de elegir la bandera que mejor represente la voluntad popular de un país. Mientras no se establezca un consenso político y social, España seguirá huérfana en una guerra de símbolos patrios, donde la bandera tricolor gana cada día más adeptos, tal vez porque simboliza mejor que otras, la unión en la reivindicación de las conquistas sociales y los anhelos de un estado de bienestar más digno y democrático.


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