martes, 23 de octubre de 2012

Noches de radio (Radio España Independiente, Estación Pirenaica)

Una de las imágenes que tengo grabada de mi niñez es cuando mi padre llego con una radio Vanguard,   de color azul claro, posiblemente comprada en San Clemente, esa radio sustituía a una antigua que apenas funcionaba.  Recuerdo que al ponerla en la repisa de madera comenzó a sonar “madrecita, María del Carmen”, de Manolo Escobar.  Nada recuerdo de aquella radio anterior, pero sí de esta segunda y de lo que ocurría alguna noche, tuvo que ser antes de cumplir los 8 años, pues meses antes de cumplirlos falleció mi padre.


La Pirenaica fue la voz de la esperanza

Eran muchas las noches en que la radio era bajada de aquella estantería de madera y puesta sobre la mesa, aunque yo solo recuerdo una ocasión en que a mi casa acudieron tres hombres, campesinos como mi padre,  recuerdo a dos de ellos muy especialmente,  muy amigos de mi padre, el tercero no lo recuerdo, llegaron a mi casa por separado y en el momento que llego el último de ellos a mí me mandaron a la cama, algo que no me hacía mucha gracia, pero que obedecí, como era habitual en aquella época.   Desde la cama podía seguir las siluetas de los presentes  a la luz de un candil de aceite, los pasos pausados y silenciosos, cerraron totalmente puerta y ventana de la calle, permaneciendo entreabierta la del cuarto donde yo me encontraba, debo decir que aunque era el octavo hijo del matrimonio, por la diferencia de edad con el resto, con más de diez años, me crie como hijo único, eso sí, de una familia campesina pobre, el resto de mis hermanos habían emigrado a trabajar a Ibiza, desde la cama mientras Morfeo acudía en mi auxilio vi como la radio era puesta sobre la mesa con movimientos pausados, se extendía la antena y mi madre comenzaba a dar vueltas lentamente a la rueda sintonizadora de la radio , mi madre mientras tanto se acercaba al aparador y sacaba una botella de aguardiente y cuatro vasos para los hombres, ella no bebía, los cinco se sentaron en torno a la mesa, con sus cabezas prácticamente unidas por la frente.


Cuando escuchar la radio era un acto de rebeldía
Tras una laboriosa búsqueda por parte de mi padre, hasta mi comenzó a llegar sintonía, apenas audible. “Aquí Radio España Independiente, estación pirenaica, la única emisora española sin censura de Franco,.. ¡Trasmitiendo! “algunos murmullos de los presentes, “con esta sí que se oye bien”, “calla, calla, que está la Pasionaria”.
Dolores
Tampoco recuerdo mucho más, luego, tras la muerte de mi padre nos marchamos a Ibiza, siendo cotidiano ver a mi madre en soledad escuchar la radio, algo a lo que termine uniéndome yo pronto, escuchábamos Radio España Independiente, pero con muchas interferencias, por lo que eran más las ocasiones en que la emisora seleccionada era Radio Francia Internacional, mi madre me contaba que en ocasiones también sintonizaba la “ABC”, que debía ser la “BBC” británica, ambas en castellano. De esas noches de radio mi madre me contaba con pelos y señales la odisea de Fidel Castro junto con 82 revolucionarios cubanos a bordo del Granma y el posterior triunfo de la revolución cubana.  Todo eso lo sabía gracias a esas noches de radio escuchando “La Pirenaica”. Dolores Ibárruri fue la voz de la esperanza,  mi madre hablaba de ella con gran admiración, siempre dijo que escuchar a Dolores le hacía pensar que todavía quedaba esperanza, que todavía podía llegar un Granma errante que navegase alrededor de España para traer la esperanza de un mundo nuevo, y yo todavía en mi mundo de pre-adolescencia, ya víctima de la explotación subía maletas con trece años  por la escalera en un hotel de Ibiza, mientras clientes y director subían por el ascensor, subía soñando con embarcarme en ese barco.
Esas noches de radio difíciles de sintonizar, llegadas a través de ondas cambiantes, fueron aire fresco de libertad que llegaba todas las noches a los hogares de quienes perdieron la guerra pero no la esperanza.






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