martes, 26 de marzo de 2013

Fermín Arenas, mi padre, soldado de la República



Fermín Arenas, soldado de la República
Fermín Arenas fue mi padre, campesino y leñador, fue un soldado de la República, primero por su quinta y después casado y con tres hijos lucho al lado del gobierno legítimo de España, estuvo en el frente luchando contra moros e italianos, de los primeros decía que parecían borrachos o drogados, que no tenían miedo a nada y que se lanzaban en tromba contra las fuerzas leales de la República, de los segundos que se quedaban más bien atrás, esperando a que los moros hubiesen despejado el camino.  

 Mi padre, fue soldado de la República y lucho por la  libertad de España, pero nunca llego a comprender que se pudiesen matar  dos personas por pensar diferente.   Era,  como la mayoría de quienes creían en una España mejor, partidario del entendimiento, de decir las cosas con claridad pero sin perder la compostura, una de sus frases era: No hay nada tan serio que no se pueda decir con una sonrisa.   En el frente aprendió a recitar, le recuerdo recitando poemas, refranes que aprendió de memoria mientras defendía la República.  Era un gran narrador, siempre con un toque de humor, amante del teatro, pocas ocasiones tuvo oportunidad de asistir a funciones en directo.



Terminada la guerra, cuando se lo llevaban preso en dirección a Villarobledo, junto con otro paisano de Pinarejo, saltaron del camión y estuvieron tres días escondidos por el monte con los fascistas buscándoles, sabían lo que  pasaba en Villarobledo, ya se lo habían contado.  Obligaban a los soldados a cavar una especie de trinchera, los ponían en fila de espaldas a ella y los “nacionales” los asesinaban, cayendo unos cuerpos sobre otros, unos muertos y otros heridos, terminando muriendo también aplastados por los cuerpos que iban cayendo encima, pero así podían estar más de un día, los lamentos de los heridos se escuchaban todas las noches hasta desde San Clemente.


Aunque vigilado de cerca, no llego a ir a la cárcel, fueron muchos quienes fueron avalados a cambio de donar al alcalde franquista sus mejores tierras.  En el pueblo no hubo muertes durante la guerra, sin embargo once vecinos del pueblo terminaron en la cárcel del monasterio de Uclés, posiblemente alguno no salió con vida de aquel recinto de muerte.

La posguerra fue mucho peor que la guerra, quienes permanecieron fieles a la legalidad republicana eran acosados y amenazados constantemente.    Muchas veces pensó mi padre abandonar y marcharse lejos, a Argentina, o a Valencia donde ya se había marchado mi abuelo materno unos años antes de la guerra, pero para lo primero tenía dinero, para lo segundo no estaría la cosa también, pues mi abuelo estaba preso en penal de Chinchilla, por ser dirigente de la UGT valenciana, a pesar de ser un anciano.

Aguanto, aguanto y aguanto esperando que un día las locuciones de Dolores Ibarruri, se convirtieran en realidad y en España se volviese a respirar en libertad, desgraciadamente murió sin ver la bandera por la que lucho puesta en el lugar que le corresponde.
Muchos años después la legalidad republicana no se ha reinstaurado, todavía hoy seguimos esperando que la bandera de la libertad ondeé en los balcones de las instituciones.

Publicado también en: Unidad Cívica por la República

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