martes, 18 de febrero de 2014

El príncipe, la ley de transparencia y el cuento de las siete cabritillas y el lobo.


la monarquía siempre será la
monarquía.

La historia no ha enseñado que la monarquía se disfrace como se disfrace siempre termina comiéndose nuestra comida. Siempre termina comiéndose el pan de nuestros hijos.  Puede ser que muestre apariencia humana, pero siempre se le reconoce “por su bronca voz y sus negras pezuñas”.  Al príncipe lo disfrazan de una persona altamente preparada, y lee discursos que le escriben y que por tanto hace suyos como si fuese un gran orador, pero termina sacando la negra pata de la monarquía por debajo de la puerta, da lo mismo que se coma una docena de huevos para suavizar la voz, o su mensaje, o se reboce las patas de harina para ocultar su negra pezuña, el lobo siempre es el lobo, la monarquía siempre es la monarquía y del mismo modo que
el lobo termina engañando y comiéndose a las cabritillas la monarquía intenta engañarnos con un príncipe “transparente” que se atreve pronunciar discursos  dando  lecciones de transparencia a pesar de pertenecer a la institución más opaca del Estado.




El príncipe, supuestamente altamente preparado,  ha pedido una acción política basada en el buen gobierno y el acceso de los ciudadanos a la información sobre cómo se manejan los fondos públicos y se adoptan las decisiones que les afectan, “especialmente en los tiempos que vivimos”. No creo que esos tiempos que sufrimos los ciudadanos sean los mismos que viven la Casa Real y aledaños, ni que esta haya dado ejemplos de transparencia, simplemente se ha limitado a enseñar la pezuña de la cabra por debajo de la puerta -  una pequeñísima parte de lo que recibe, de lo que oculta, nada sobre el coste real de la Casa Real ni sobre una de las principales fortunas del mundo, de quien vino con una mano delante y otra detrás -   pero el lobo ha quedado al otro lado entero y verdadero y se está comiendo las entrañas del pueblo. 

Elogia la “Ley de Transparencia”, que como todas las leyes del gobierno neofascista de Mariano Rajoy utiliza un eufemismo para hacer justamente lo contrario , como la ley mordaza llamada  “Ley de Seguridad Ciudadana”, entre otras.    La ley de opacidad, elogiada por el príncipe , es de todo menos transparente.  Una ley que no afecta a la Casa Real, que mantiene la total opacidad sobre el patrimonio acumulado en estos 38 años de apéndice de la dictadura, tampoco ha dado explicaciones sobre los menos públicamente- a su padre, el rey Juan Carlos I, que le explique a los españoles si recibió 2,25 millones que recibió su padre de su abuelo y que según publicó El Mundo, permanecen en cuentas suizas. 

Ley de opacidad, que según transparentemente dejo bien claro la vicepresidenta no afectará a su familia, ya que la Casa Real "no es una administración pública". ¿Entonces es privada? ¿Estamos manteniendo a una institución privada con dinero público que con los 560 millones de euros podrían comer miles de familias de las que están pasando hambre? Malo, malo.

El cuento del lobo y las 7 cabritillas termina que el lobo engaña a las ignorantes y confiadas cabritillas y se come a todas menos a una, que se esconde en la caja del reloj. – (El tiempo) –.   Cuando llego la cabra, se encontró la casa (el país-el pueblo)  hecha un desastre, sus hijas habían sido devoradas por el lobo feroz (la monarquía  y el capitalismo feroz que la sustenta) pero de la caja del reloj, salió una vocecita muy débil de la cabritilla más joven,  (la lección que nos dieron nuestros abuelos y la sabía nueva de nuestros jóvenes) salieron y encontraron al lobo satisfecho con la barriga llena, de tal modo que con el ansia la bestia en su glotonería, las había engullido enteras, sin masticar y permanecían vivas   El cuento nos dice que las cabritas salieron de la barriga con la ayuda de la experiencia la madre y la juventud de la más joven y entre todas llenaron la barriga del lobo de piedras y lo tiraron a un profundo pozo de donde nunca más volvió a salir.  Del mismo modo debemos aprender de nuestros mayores que fueron capaces expulsar a la institución parasitaria que es la monarquía,  con la rabia de la juventud y de todos los que hemos sido engullidos por el lobo feroz, echar de una vez por todas a tan anacrónica institución al pozo de la historia negra de este país.





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