lunes, 24 de febrero de 2014

La verdad, la mentira y la farsa sobre el 23-F ¿Realmente fracaso el golpe del 23-F ?


La verdad me sentí desilusionado, si bien lo veía como algo raro que personas de la categoría de Gabilondo o Garci, se sometieran gustosos a la farsa, que REALMENTE FUE, el 23F.  Lo cierto es que la historia de Jordi Évole no es menos real que la que nos han contado como real.
 Mi escaso raciocinio me dice que el golpe, tuvo más de presunto que de real, y que por supuesto fue un éxito claro en cuanto a los objetivos alcanzados.    Necesitaban un “salvador de la patria”, un “héroe”, que mutase las reticencias de aquellos que todavía se atrevían o nos atrevíamos a decir claramente que ese Régimen nacido de la dictadura era una prolongación de la misma y por tanto era ilegal e inmoral darle apoyo.
Hay pruebas más que suficientes como para que tengamos claro que todo fue un montaje, para presentarnos al Rey como el salvador y el garante de la democracia. 
El falso documental de Évole, nos muestra, que incluso en estos tiempos de la comunicación, resulta muy fácil la manipulación, pero también, sin quererlo, nos da claves y nos ayuda a reflexionar sobre lo fácil que le resulto al apéndice de la dictadura, al PsoE, al PcE, a los herederos del dictador, manipular a un pueblo que todavía tenía las heridas abiertas por golpe de Estado que termino en genocidio y en 36 años de dictadura criminal.

En esos tiempos, los republicanos estábamos huérfanos de referentes partidistas, desechado el PcE de Carrillo, en el PsoE, había algo de llama tricolor, a partir de ese momentos, la llama se apagó, y no digo que no quedase algún ascua, pero la mayoría se redujo a cenizas y desde ese momento cuestionar la figura del heredero del genocida dictador fue declarado herejía, solo algunos tozudos nos atrevíamos a soñar con la República.  Recuerdo que hasta el único partido republicano legalizado por entonces, ARDE, alabó la actuación del heredero del dictador.  De repente había nacido la “ideología” más cobarde y vergonzante, el “juancarlismo”.  Cobarde y vergonzante porque quienes se declaraban así, cobardemente se agarraron a un ascua que sabían que iba contra la razón y que era algo inexistente e incompatible con la razón y la democracia, pero que servía para dar visos de legalidad a su estatus personal, alimentado por el miedo del pueblo que sentía temor por una nueva guerra civil, y que abducidos por esos vergonzantes y traidores políticos renunciaron a recuperar la legalidad y la soberanía arrebatada.
Esos “juancarlistas” se esfuerzan ahora, con una monarquía que saben corrupta y amoral, en hablar de “almas republicanas”, pero al estar tan devaluada la figura del heredero del dictador, y sabiendo que le quedan cuatro telediarios, hablan de abdicación ¿en el pueblo? Y una mierda que nos comamos.  En la figura del heredero, del heredero del criminal que acabo con la soberanía y la legalidad del pueblo, porque lo que realmente les aterra es que se termine el chollo del que disfrutan.   Porque la República que ha de llegar viene con ideas de ética y justicia, de regeneración democrática y eso es  incompatible con la corrupción franquista.  Así que ahora se agarraran a un príncipe supuestamente “capacitado”, que lo único que hasta el momento ha demostrado es no tener ningún tipo de reparos en apoyar las medidas neofascistas de Mariano Rajoy, amén de demostrar un desprecio absoluto hacía aquellos ciudadanos que no le adulan en los actos a los que acude.

La realidad de lo que realmente ocurrió muchos se la llevaran  a la tumba, pero, como ya he dicho, es casi  tan creíble la ficción de Évole como la mentira que nos contaron y que ha permitido a la los herederos del dictador vivir a cuerpo de Rey, a ellos y a sus vástagos, con independencia de que el pueblo español despierte y recupere su soberanía.   Y ha dado lugar a que lo más palpable de todo sea una corrupción que llega absolutamente a todas las instituciones del Régimen, la cual ha provocado la miseria en amplias capas de la sociedad española.
Me quedo con el final del falso documental:
“Nos hubiera gustado contar la verdad”. 

La verdad que no sabremos, porque posiblemente la verdad sea tan escandalosa como si hubiese sido el “documental” de Évole un documental real.

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