viernes, 18 de abril de 2014

Don Gabo el socialista que el mundo llora


Sin ningún tipo de labia porque no es mi costumbre y porque nace de mi corazón escribir estas letras, porque no es para aparentar inteligencia ni erudición que  por supuesto no poseo,  porque no es para aprovechar el momento y abrazarme a la conmoción que estamos viviendo quienes amamos a don Gabo.
Porque no soy conocedora de letras, gramática, semántica, lingüística  no tengo la menor idea de lo que es la sintaxis ni la pragmática, también desconozco del término cadencia  y todo lo que conlleva el mundo literario, si acaso seré como bien me bautizara una amiga : una “inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo” y esa maestría me da la potestad de escribir con el sentimiento puro y sincero que tenemos los nadies olvidados por la historia y la sociedad.


No hablaré de sus obras ni cómo sus libros llegaron a mis manos ni en qué momento, tampoco contaré cuál es mi favorito, ninguna anécdota que relate mi amor por don Gabo, porque de ésas todos quienes hemos leídos sus libros tenemos miles. No alabaré de su calidad como escritor porque es redundar, tampoco de por qué le gustan las flores amarillas, ni por qué El olor de la Guayaba  a mi parecer dice más de él que su Vivir para Contarla.

Yo lo quiero decir  desde mi sentir arrabalero es que, en Aracataca  un pueblo olvidado por la misma intemperie,  por el  desgano de la pobreza y la desidia de la inequidad nació   un “nadie”,  un “paria”, a un “invisible”,  que tuvo la genialidad de gritarle al mundo que la clase obrera, campesina y proletaria existe y que respira por sí misma.  Uno de miles que el olvido empolva y la desgracia bautiza condenándolos a la tribulación.

Don Gabriel García Márquez es un Nobel de Literatura, sí. Pero, es un nadie y que el mundo no olvide que está honrado a un paria que tuvo la osadía de honrarnos, de darnos voz, con su realismo mágico, con su genial encanto de escritor de los que nacen ya con la venia de la excelsitud.
Que el mundo no olvide que está llorando a un socialista, a un izquierdista, a un hombre honrado que soñó con que el mundo fuera equitativo  y que la América Latina que lo vio nacer fuera una tierra próspera libre de traidores y de la escoria que empaña su lindeza.  Un hombre universal que a su natal Aracataca la inmortalizó con su encanto.

No, no tengo la capacidad ni la preparación académica para ensalzar sus obras literarias, no soy crítica de literatura, de dicha sé leer y escribir,  he leído sus libros sí y  mi mente ha viajado muy lejos de mi cuerpo, de mi estancia  a otros mundos  imaginados y a la historia que la sociedad clasista  y racista no contó. A las bananeras, a las ferrovías, al caribe que tanta sangre ha derramado, a la  dictadura de la América Latina que él tuvo la osadía de  llevarla al mundo entero de la mano del su realismo mágico.
Aplausos y elogios a la genialidad del escritor. Que el mundo entero no olvide que él es un escritor socialista y que con su encanto tuvo comiendo de su mano a cuanto traidor se enamoró  de su genialidad de niño hambriento, viviendo en la miseria y en la omisión.

Que nadie olvide que don Gabo es un “nadie” un “paria” que honró su raíz, su esencia, su camisa rota, su sueño sin dormir. Un de miles que perecen en la intransigente inequidad.
Salió de la nada, de las polvaredas, de donde el hambre es autoridad, de donde las voces dormidas son lunas caídas a la orilla del mar.

Don Gabo nunca negó su clase, que es la de miles. Un vagabundo soñador. Con la humildad que lo caracteriza vio rendirse el mundo ante sus pies, mundo mismo que lo negó cuando de niño el hambre le robó el sueño.

De letras pueblerinas y de esencia de arrabal, el genio del realismo mágico se despide y quienes encontramos en sus letras un bálsamo para la ilusión de la quimera transitoria,  que se torna en suspiros  lo despedidos desde su universal Macondo.
Gracias don Gabo, las letras de una paria lo saludan, tómelas así de innatas   como si fueran las flores silvestres que crecen a la orilla de su  río Magdalena.
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Hasta siempre, Gabo

Casi 10 días después de ser dado de alta del hospital en la capital mexicana, ha muerto a la edad de 87 años el periodista colombiano y uno de los más grandes escritores de la literatura universal, Gabriel García Márquez. "Nuestra amistad fue fruto de una relación cultivada durante muchos años en que el número de conversaciones, siempre para mí amenas, sumaron centenares", escribió el líder de la Revolución cubana en una de sus Reflexiones. Hoy Cuba y Fidel despiden a un entrañable amigo: "Hasta siempre, Gabo".
El Nobel de Literatura marcó un hito en la historia creativa de América Latina, al crear con su realismo mágico a Macondo, un pueblo que con sus personajes pasó a formar parte de una de las obras más leídas en la región y el mundo, Cien años de Soledad, que retrata la vida de la estirpe Buendía.
El escritor, novelista, cuentista, guionista y periodista colombiano Gabriel García Márquez, murió este jueves a los 87 años de edad, luego de un cuadro de neumonía que lo mantuvo hospitalizado por una semana.
El corresponsal de teleSUR en México, Eduardo Martínez, dio a conocer en contacto telefónico que "la familia se ha mantenido muy hermética (...), hasta los momentos se puede decir que no hay información oficial sobre los próximos homenajes o ceremonias que se hagan".
Martínez recordó que la noticia del fallecimiento se dio por terceras personas a través de twitter. "Los comunicados siempre fueron muy cortos (...), la familia no ha buscado las cámaras y se ha mantenido al margen de toda la información y los medios".
El periodista destacó que este 6 de mayo se realizará un homenaje al escritor y premio nobel de Literatura en el Palacio de Bellas Artes, en la capital mexicana; estimó que allí será donde la familia emita declaraciones o un mensaje a la opinión pública.
García Márquez, ganador del premio Nobel de Literatura en el año 1982, nació el 6 de marzo de 1927, en Aracataca, un municipio del departamento bananero de Magdalena (norte), era hijo de un telegrafista y de la hija de un coronel.
Al culminar sus estudios secundarios, García Márquez se fue a Bogotá (capital) a estudiar derecho en la Universidad Nacional de Colombia, para complacer a sus padres, sin embargo en sus tiempos universitarios, dedicaba especial atención a la lectura y al descubrimiento de nuevos autores.
Tras el asesinado de Jorge Eliécer Gaitán fue cerrada la universidad y el Gabo, como también es conocido, desiste de convertirse en abogado y se centra en el periodismo. Se traslada a Barranquilla (norte) para trabajar como columnista y reportero en el periódico El Heraldo.
Posteriormente fue enviado a París para ser corresponsal extranjero de El Espectador. Estando en Europa, conformó el círculo de escritores y pensadores que le dieron vida al conocido “boom latinoamericano” (movimiento literario, político y social que surgió entre los años 1960 y 1970).
El Gabo obtiene notoriedad mundial cuando se publica Cien Años de Soledad en junio de 1967. Ésta se convierte en su obra maestra y hace de Latinoamérica la patria grande del realismo mágico, poniendo en el mapa a un caribe inimaginado en otras latitudes con la increíble historia de una saga familiar.
Esta fascinación por el caribe, que le dio la vuelta al mundo con Cien Años de Soledad, le valió el premio Nobel de Literatura. García Márquez recibió el premio en Suecia, donde vestido de liqui-liqui tomó la medalla y el diploma que lo consagraron como un grande de la literatura. En su discurso rompió el silencio del auditorio para hablar de su Latinoamérica natal "yo sueño que ahora las estirpes condenadas a Cien Años de Soledad, tengan una segunda oportunidad sobre la tierra", dijo en esa oportunidad.
El Coronel no tiene quien le escriba, El amor en tiempos de cólera, El general en su laberinto entre otras tantas obras, hicieron de García Márquez, una referencia mundial de la literatura en clave latinoamericana. Recibió -entre otros- varios reconocimientos como el premio Rómulo Gallegos, la condecoración Águila Azteca en México, la orden de la legión de honor en París.
El Gabo siempre defendió su postura política, rechazó el intervencionismo estadounidense y el capitalismo como forma de Gobierno. Sostuvo amistades que levantaron polémica, como su entrañable lazo con el Líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, de quien manifestó su admiración durante años.

Su enfermedad


En 1999 le fue diagnosticado un cáncer linfático. Al respecto el escritor declaró en el año 2000 en una entrevista al diario El Tiempo de Bogotá lo siguiente:

“Hace más de un año fui sometido a un tratamiento de tres meses contra un linfoma, y hoy me sorprendo yo mismo de la enorme lotería que ha sido ese tropiezo en mi vida. Por el temor de no tener tiempo para terminar los tres tomos de mis memorias y dos libros de cuentos que tenía a medias, reduje al mínimo las relaciones con mis amigos, desconecté el teléfono, cancelé los viajes y toda clase de compromisos pendientes y futuros, y me encerré a escribir todos los días sin interrupción desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde. Durante ese tiempo, ya sin medicinas de ninguna clase, mis relaciones con los médicos se redujeron a controles anuales y a una dieta sencilla para no pasarme de peso. Mientras tanto, regresé al periodismo, volví a mi vicio favorito de la música y me puse al día en mis lecturas atrasadas”.

Sus quebrantos de salud, lo obligaron a abandonar la vida pública recientemente. Sin embargo fue visto este 29 de septiembre durante la inauguración de una sala de juegos en la Ciudad México, donde el Gabo fue el invitado de honor; acompañado de su familia el escritor se mostró de buen ánimo y conversador.

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