domingo, 28 de abril de 2013

Si a la vida, sí al aborto libre, seguro y legal



Sí, yo estoy a favor de la vida, es por ello por lo que estoy a favor del aborto seguro, con todas las garantías sanitarias y legales.  En no pocas ocasiones me he planteado la tesitura de lo que haría yo en caso de un embarazo no deseado, difícil cuestión, porque aunque tal vez no sea muy macho en el sentido ibérico de la palabra, si soy hombre.  Sin embargo a la hora de preguntarme o plantearme la situación he terminado llegando a la conclusión de que estoy a favor de la vida, de la vida con mayúsculas.

Entre mis amigos más cercanos conocí la existencia de dos embarazos adolescentes, el primero 13 años ella, 15 él, obligados a casarse por las circunstancias de la época, dos años después tenían una segunda criatura, no había cumplido ella los 18 y ya estaban cada uno por su lado y con tres hijos en el mundo, ambos dejaron de lado sus estudios y arruinaron sus vidas para siempre, por mucho que quisiesen a sus hijos.  La otra pareja llevaron un camino parecido, aunque tuviesen solo un hijo, pero con “problemas”, entonces ni existía el aborto ni tampoco la posibilidad de saber si el feto tenía malformaciones o no.   Esa criatura tuvo la desgracia de nacer en Valencia, digo lo de desgracia, porque cuando la madre tuvo la oportunidad  de respirar un poco con la Ley de la Dependencia, se encontró con que el Gobierno presidido por Camps boicoteo vilmente la ley de la dependencia como forma criminal de boicotear al Gobierno Central, en el País Valenciano puede decirse que prácticamente no se llegó a  aplicar la ley, después de casi tres años se la concedieron, a los dos meses de concedérsela la criatura falleció, no puede decirse que viviese, la madre tampoco a pesar de que durante muchos años fue su principal razón de vivir. El partido popular demuestra una gran hipocresía  defendiendo los derechos de los discapacitados no nacidos al tiempo que deja sin fondos la ley de dependencia, con la que se dotaba de una mínima cobertura económica a los padres que habían decidido asumir la tremenda carga de una discapacidad congénita.


Quiero decir con  esto que nadie debe decidir sobre el cuerpo de nadie, que un embarazo en una adolescente puede salir “bien”, pero siempre es una catástrofe, se mire como se mire, cuando se está en edad de jugar con muñecas no se deben cambiar pañales, pero tampoco en otras edades debe el hombre decidir sobre el cuerpo de la mujer, de la hija, la novia, la compañera o una desconocida, quien siempre debe tener la última palabra debe ser la embarazada, nadie más, ni padre, ni madre, ni espíritu santo…



El Espíritu Santo, decía la Iglesia, que había preñado a María, luego el Papa Ratzinger nos aclaró que había sido el José el carpintero.  No debe meter los rosarios en los ovarios de las mujeres, ni decir que están a favor de la vida cuando no dicen nada ni han dicho nada de las ejecuciones de las dictaduras que han apoyado sin remordimientos de conciencia.  Tampoco pueden ni deben condenar la sexualidad de cada cual, cuando ellos tienen la casa sin barrer y lo que es peor, sin intención de barrerla.



Pero centrémonos en el protagonista principal de esta historia, Alberto Ruiz-Gallardón, ha asegurado este sábado que el Gobierno central va a "seguir adelante" con el "compromiso" que tiene con la sociedad española, un compromiso que, según ha dicho, pretende "buscar la recuperación del consenso que, durante muchos años, estuvo vigente en España y que se rompió unilateralmente por el Gobierno socialista en el 2010, no retornando a la ley de 1985, sino corrigiendo los efectos que tenía" .” Vamos a cumplir nuestro compromiso.”

¿El gobierno pretende recuperar el consenso? Como no sea con la Iglesia católica y con quienes practican el escrache en las puertas de algunas clínicas.  En cuanto a cumplir el compromiso, será el único que cumplan, el resto han incumplido todos y cada uno y además demostrando una falta absoluta de ética moral, social y política.



Gallardón antes de ser ministro podía presumir de haber sido el único capaz de suscitar una simpatía las personas de izquierda, hasta parecía demócrata, el prototipo de la derecha civilizada y demócrata  que existe en Europa y que aquí brilla por su ausencia, claro comparándolo con sus enemigos, la exprescindible de Madrid, doña Espe, parecía hasta de izquierdas.  Pero no, cuando el hombre “plasma” le nombro ministro, se le cayó la máscara de golpe, ha acabado con Garzón, la “justicia” y quiere decidir sobre los ovarios de las mujeres, estando en las mismas posiciones ideológicas que los “meapilas”, que dicen sí a la vida y están a favor de la pena de muerte, que condenan el amor entre personas y no condenan la pederastia o justifican las violaciones o comportamientos machistas.



Sí, estoy a favor de la vida, considero que el embrión debe ser protegido, porque con el tiempo será una persona, lo cual le convierte en un ser muy valioso, en la mayoría de los casos deseado y buscado, pero ese embrión no debe tener prioridad sobre la mujer que lo lleva en sus entrañas.  No solo en los casos de violación, que por supuesto que no se puede estar de acuerdo con las declaraciones de  Gloria Casanova "De lo terrible de la violación sacas algo bueno, que es un hijo".   Hay muchas situaciones en que la mujer toma la decisión de interrumpir ese proceso que puede ser el más hermoso y deseado del mundo, solo a ella le compete la decisión, ni la Iglesia, ni Gallardón pueden usurpar  la decisión que solo compete a quien no desea ser madre por las razones que ella tenga y que no tiene por qué tener que esgrimirlas ante nadie sin que tampoco nadie pueda juzgar su moralidad.  “"violencia estructural de género contra la mujer a propósito del embarazo" es la que pretende llevar a cabo el ministro que acabó con la “justicia” y sus “amorales meapilas”.



La ley del aborto no se debe tocar, nadie la cuestiona, no se puede excluir ningún supuesto y menos la malformación del feto, ese debate está cerrado y no debe abrirse.  Tampoco se puede condenar a las mujeres al aborto clandestino con peligro para la madre ni  ir a Londres a abortar,  las hijas de los pobres no tienen esa opción, más conforme están dejando el país,  ni obligar a traer al mundo a un niño no deseado.  Mi máximo respeto a quien decida por encima de todo traer un hijo al mundo sea cual sea su situación personal, pero mi más absoluto respeto a quien decida lo contrario y mi total desprecio a quien quiera imponer su voluntad sobre las vidas de otras personas.

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