miércoles, 4 de septiembre de 2013

Alfonso XIII abandona Madrid


  
Ya estábamos en el mes de marzo, yo cumplí los doce años, luego vendrían las vacaciones, acabaría la cuarta clase y ya me quedarían solamente dos para terminar el colegio y buscar un trabajo en cualquier oficio, que era lo que yo quería y lo que querían en mi casa.   En abril de ese año leímos en el periódico una noticia que habría de provocar grandes cambios en el país. 

  El rey Alfonso XIII ha abandonado Madrid con su familia, rumbo a un puerto del Mediterráneo desde el que se supone saldrá para el extranjero. Aunque no ha abdicado ni renunciado formalmente al trono, Alfonso XIII antes de partir ha manifestado que acepta la voluntad nacional. El que hasta ahora fue comité revolucionario, compuesto por Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña, Indalecio Prieto, Largo Caballero, Miguel Maura y algunos otros dirigentes republicanos, se ha erigido en Gobierno provisional de la República. El cambio de régimen, que se ha celebrado en toda España con gran entusiasmo, se ha llevado a cabo sin alteraciones de orden público y sin que haya habido que lamentar incidentes de ninguna clase. 
  Había un gran revuelo en las calles, gentes que gritaban. Los obreros de Boetticher y Navarro 
abandonaron el trabajo dando vivas a la República. Era el 14 de abril. Hacía un mes que yo había cumplido los doce años, ya sólo me faltaban dos para estar entre aquellos obreros, porque mi tío Manolo ya había hablado para que al cumplir los catorce entrara de aprendiz. Uno de los obreros me colgó un letrero al cuello que decía: "¡Viva la República!" Nos acercamos hasta la casa de don Niceto Alcalá Zamora, en Martínez Campos casi esquina a Zurbano.   Yo no tenía idea de qué significaba la República, ni de si era buena o mala, pero como vi a los obreros tan contentos, imaginé que era buena, y me uní a ellos coreando los gritos y los vivas.   Alcalá Zamora se asomó a uno de los balcones de su casa y después de un saludo con la mano, nos dirigió un breve discurso. Desde ahí nos fuimos a la Puerta del Sol. La Puerta del Sol estaba abarrotada de gente. Llevaban pancartas que, como en la que a mí me habían colgado del cuello, se leía: "¡Viva la República!"   Ya en el barrio, un grupo de gente me incitó a que pusiera una bandera republicana en la mano de la estatua del general Concha, conmemorativa de la batalla de Castillejos, que está en la Castellana, entre Abascal y María de Molina. Haciendo grandes esfuerzos y ayudado por algunos chicos del barrio, conseguí subir hasta la estatua, pero cuando me deslizaba por el brazo hacia la mano del general, perdí el equilibrio y caí desde aquella altura hasta el suelo, me hice una brecha en la cabeza y me dejé la mitad de un diente en el pedestal de piedra de la estatua. No me maté de milagro, pero me aplaudieron como si hubiera ganado una batalla.


Miguel Gila( Y entonces nací yo)

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