jueves, 12 de diciembre de 2013

Mentes criminales (Sin remordimientos por el asesinato de Salvador Puig Antich)

Salvador Puig Antich, una de los últimas
 personas asesinadas por la dictadura

Durante el tiempo que estuve  realizando el servicio militar en la Legión, la más que remota  posibilidad de tener que verme en un frente de batalla y disparar a un anónimo soldado, con independencia de su nacionalidad o credo, hizo que me plantease en más de una ocasión cual sería mí reacción, sabiendo como sé  que soy un bicho raro que la violencia no le gusta ni en las películas del oeste, que no veo.  No me tengo por valiente, pero tampoco creo ser un cobarde, pero la posibilidad de enfrentarme a alguien  de manera violenta,  para mí está fuera de lugar. Por mucho que intento comprender  a aquellos que defienden, justifican, firman o ejecutan la pena de muerte, no me llega el entendimiento.


Pienso que aquel que mata a otra persona, además de ser un enfermo, es un criminal sin conciencia ni  moral alguna.  Porque una persona normal nunca puede considerar justo un crimen, y menos por motivos económicos o políticos.   Nadie que no tenga una mente criminal puede considerar que la ejecución de una persona que piensa diferente puede ser un acto de justicia.    
Cuando según el historiador Paul Preston, Franco leía y firmaba las sentencias de muerte de los condenados “mientras comía”, “tomando café antes de la siesta” o “viajando en coche”. Como un “mero trámite”, como las calificó el genocida dictador, padrino del rey,  en alguna ocasión.   De él no se podía esperar otra cosa, era un asesino, una mente criminal que tuvo a España dividida hasta después de su muerte, entre vencedores y vencidos.

Muy diferente la actitud del último primer ministro de la República, Juan Negrín, que se opuso a la rendición incondicional de la República ante los fascistas porque   “Yo no entrego indefensos a centenares de españoles para que Franco se dé el placer de fusilarlos”.   Demostrándose que sus temores estaban más que fundados.

Solo, pues,  desde mentes criminales o tiránicas se puede defender la pena de muerte, ninguna persona tiene el poder sobre la vida de otra.  Yo creía que eso estaba más que claro, en nuestros tiempos, en esta sociedad presuntamente democrática, sin embargo veo que no es así, que hay personas que siguen justificando asesinatos, que se atreven a decir que una sentencia de pena de muerte contra un militante antifranquista, “hace 40 años quizás fue justa”.        Sabiendo que esa persona  fue el redactor único de la sentencia que condenó Salvador Puig Antich a morir a garrote vil, que fue quien decidió, casi más que el juez, que se produjese un asesinato, diga que no se arrepiente y que hace 40 años pudo ser justa, habla por si solo del tipo de persona que es.

Con la elección de ese abogado, por parte del partido podrido, para defender un supuesto “montaje” de “autoespionaje” a Alicia Sánchez-Camacho, está claro que por el camino que camina el partido neofascista español. 
Publicado también en: Unidad Cívica por la República

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