martes, 10 de junio de 2014

Monarquía o República. Lo que anhelamos ser, Monarquía o República. Lo que anhelamos ser, la decisión de la oligarquía contra la decisión de la mayoria




Escrito por Coral Bravo  
“Empezando por la monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo”, decía Ortega y Gasset. Y es que monarquía y religión siempre han sido poderes, de origen absoluto, simbiotizados, aunados en sus intereses comunes; ya sabemos, el rey es el representante de Dios en los asuntos terrenos y la Iglesia en los asuntos “divinos”. No en vano la monarquía española es confesional y católica; algo, por cierto, incompatible con cualquier presupuesto democrático y laicista.


Ambos son poderes, en su propia esencia y definición, parásitos y antidemocráticos; los más antidemocráticos del planeta, por más que se disfracen con falsos ropajes de populismo a partir de que los tiempos les dejaron de ser propicios. Porque, como dijo Eduard Punset, los ciudadanos del siglo XXI vivimos la paradoja de convivir tanto con los grandes avances tecnológicos como con instituciones tiránicas y obsoletas propias de la Edad Media, no de sociedades avanzadas y modernas.


Lo de la “monarquía parlamentaria” queda muy bien, pero no deja de ser una tiranía heredada, y un despropósito, ese que alude a aceptar que supuestamente se vive en democracia a la vez que se acepta que una familia, por motivos genealógicos y de sangre, es superior al resto. Es decir, blanco y negro al mismo tiempo, un verdadero disparate. Disparate que los españoles hemos aceptado, a la fuerza ahorcan, durante casi cuarenta años como un mal menor. Porque cualquier cosa es mejor que una dictadura. Pero lo cierto es que nunca hubo un referéndum que hiciera manifestar a los españoles su deseo, o no, de aceptar a un rey como jefe de Estado, aunque sea simbólico y representativo.

De la inmensa fortuna que nos cuesta a los españoles anualmente la Iglesia católica (por el “cuidado espiritual de las almas”, es decir, por la idiotización y la fanatización de las conciencias) mejor no hablar. Desde que se ha hecho público el gasto de la familia real española, sabemos que nos cuesta anualmente a los ciudadanos 25 millones de euros, más 34 millones de euros en conservación de palacios y jardines, y ello sin sumar las partidas que pagan los ministerios de Hacienda, Interior y Defensa.

¿Cuántas horas de trabajo de los españoles cuesta mantener a estas instituciones por su papel “simbólico y representativo”? Porque mientras de nuestros bolsillos salen esas ingentes cantidades de dinero, estamos viviendo en un país con un veinte por cien de los ciudadanos en la miseria, en un país con el nivel más alto de toda Europa de niños desnutridos, con una sociedad sin voz, sin derechos, empobrecida y encadenada a la impotencia, con miles de ancianos en la indigencia, con miles de enfermos y dependientes desatendidos. Y el rey se jubila con una fortuna que se estima en 1.600 millones de euros ¡Caray , qué buen negocio es para algunos nacer con la sangre de color azul!

La fuerza de la tradición y el miedo a lo desconocido siguen impregnando aún la conciencia y la ignorancia de una buena parte de la sociedad española. De hecho, hasta la misma sucesión hereditaria en el hijo varón del monarca es obsoleta, misógina y hasta anticonstitucional, si atendemos a la supuesta igualdad de sexos. Pero cada día se alzan con más fuerza las voces republicanas, las voces que anhelan una democracia real en este país tan sacudido secularmente por el caciquismo. Cada día ondean con más fuerza las banderas republicanas, y cada día son más los españoles que anhelan el republicanismo como el modo de gobierno más democrático que existe, a pesar de la mala prensa que le han atribuido, durante muchas décadas, los franquistas, los totalitarios y los tiranos.
El pasado lunes, día dos de junio, grandes multitudes abarrotaron por todo el país calles y plazas exigiendo un referéndum sobre la monarquía en España. Porque si la monarquía española no es producto de la voluntad ciudadana los españoles no seremos ciudadanos, sino súbditos, y la casa real será cualquier cosa menos justa, decente y democrática. Y Rajoy dando el do de pecho ante la realeza ¿acaso nos puede extrañar?, y aduce que habría que cambiar la Constitución. ¿…Y qué? Porque la Constitución, como decía Enric Sopena en uno de sus últimos artículos, no es un dogma de fe. Como si le importara a la realeza y a Rajoy la Constitución para algo. Como si la Constitución estuviera por encima de la voluntad ciudadana ¿No expresa claramente la Constitución que todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y que son iguales ante la Ley? Que nos lo cuenten en verso o en coplillas octosílabas.
La realidad es que media España se ha echado a la calle exigiendo que la monarquía pase por el filtro democrático de la voluntad ciudadana. La realidad es que la abdicación de Juan Carlos I ha sido celebrada por la mayoría de los españoles, y que la continuidad de la monarquía en España sólo tiene sentido si pasa por un referéndum que la legitime democráticamente. Y la realidad es que un sector importante de los españoles ve una luz de esperanza y de ilusión en la posibilidad de que se llegue a conseguir la madurez democrática con una Tercera República española. Porque, parafraseando de nuevo a Ortega y Gasset, lo que somos tiene más que ver con el futuro que con el pasado; no somos la suma de lo que hemos sido, sino todo aquello que realmente anhelamos ser.
Coral Bravo es Doctora en Filología
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Fuente: El Plural

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