jueves, 5 de junio de 2014

Pedro o la dignidad de la lucha por la República en sillas de ruedas


Fue el lunes después de la abdicación del heredero de Franco, duran la concentración en favor del Referéndum  en la plaza que fue de Emilio Castelar y rebautizada ahora con el honroso nombre del PlaÇa del 15 de Maig (Plaza del 15 de Mayo).  La ilusión ponía los vellos de punta de los presentes, los gritos y canticos en favor de la República llenaban el ambiente de emoción e ilusión por partes iguales. El ondear de banderas tricolores le daba la nota de color necesaria a la concentración por la libertad de decidir de un pueblo que durante muchos años ha permanecido callado, un pueblo que parece por fin despertar de un largo letargo de miedo y temor a volver repetir hechos de los cuales no fue responsable sino víctima de criminales acciones que desembocaron en un golpe de Estado y posteriormente en una cruel dictadura. Pueblo que acato un jefe del Estado impuesto por un criminal dictador, con la complicidad de partidos democráticos que vieron la opción de la “democracia” descafeinada como un mal menor.  No me voy a entrar si fue por cobardía o un acto de prudencia, no es el momento. Lo cierto es que ese Régimen fue prolongación de la dictadura impuesta por un genocida y que el pueblo fue y continúa siendo chantajeado por sus herederos y lo que es peor, por fuerzas que se declaran de izquierdas y republicanas…


Perdón separemos, el trigo de la grama. Pero ahora vamos al protagonista de este artículo, Pedro:

De entre los gritos y cantos sobresalía una voz por encima de todas, en esa voz se denotaba una ilusión y unas ganas de luchar inmensas.  Yo miraba buscando esa voz, pero no en la dirección adecuada, me acerqué y entonces le vi a él, a Pedro, en su silla ruedas, coreando gritos en favor de la República y coreando cantos de libertad.  Quedé impresionado, no pude menos que quedarme anonadado, ver como sus carencias físicas no eran impedimentos para estar allí, en primera línea de lucha, arengando como lo haría un general de un ejército victorioso a sus tropas, pero no desde la retaguardia cobarde de  los  mandos militares, sino en la vanguardia, en la primera línea.  En ese momento quise conocerlo, saber su nombre, pocas palabras intercambie con él, las suficientes para saber la calidad de su persona, su dignidad.


Ya desde casa conecte a través de las redes con él, hablamos y me dijo:


-            “Yo ahora mismo estoy un poco cabreadísimo, porque soy del PSOE, es decir militante y ya ves la sorpresa que nos dieron…”

 Yo le respondí que:

-          Yo soy nieto y bisnieto de militantes del PSOE, me duelen las siglas, pero debo reconocer que estoy siendo muy duro con ellos, no con los militantes, sino con la cúpula, si vieses lo que escribo de ellos...


A lo que él me respondió, que nada tiene que ver la cúpula con la militancia, que su sentir es mayoritario entre los militantes socialistas, los cuales se sienten al igual que Pedro “cabreadísimos”.

Hemos hablado de sus inquietudes, para él es más importante la lucha por la libertad, por la igualdad de la mujer, por la educación o la sanidad o la dignidad de las personas en general que esa carencia que padece, porque él a la hora de dar el callo es uno más y quiere que se le valore por ser quien es y no por ninguna otra circunstancia.

Ahí donde debemos separar el trigo de la grama, por un lado quienes desde la cúpula del PSOE,  pretender dar un ejemplo de presunta “responsabilidad” apoyando a un Régimen corrupto, que saben que es corrupto, pero del que forman parte, al tiempo que meten miedo desde sus atalayas, siendo enaltecidos por tiranos como Rajoy ayer en Lisboa, lo cual debiera ser más que sospechoso para cualquier militante socialista honrado. Esa está claro que es la grama.


El trigo está, con Pedro a la cabeza, entre esos miles de socialistas de base o no, que saben que es necesario un cambio, que es necesario dar pasos en favor de una democracia real, en dirección a un proceso constituyente en el cual las personas estén por encima por encima de las decisiones de las oligarquías políticas o económicas.   He recordado a Pedro y he pensado que si todos los españoles tuviésemos la grandeza, la dignidad que él demuestra él, España sería la admiración del mundo, porque con ese coraje, esa claridad de ideas de justicia y libertad, todos los obstáculos se superan. Con personas como Pedro, seguro que el camino en dirección a la República ira sobre ruedas.


Gracias Pedro.

Publicado también en: Eco Republicano   y    Unidad Cívica por la República,

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