domingo, 22 de junio de 2014

Retrato de Madrid tras la coronación visto por un republicano


Llegue a Madrid con la seguridad de encontrarme una ciudad desierta, pensando que si con los llamamientos que habían realizado las autoridades del Régimen a rendir vasallaje a los nuevos reyes, las calles de la capital del reino  parecían las de Paris cuando en esas mismas fechas de 1940 entraba Hitler en Paris, sin ciudadanos en las calles y con las SS y el ejército alemán vigilando y desfilando por la capital del Sena.   En la Gran Vía de Madrid lo más visible era la policía,  pero no habían entusiasmados vasallos dispuestos a rendir pleitesía al elegante y altanero jefe militar que heredaba el puesto que no dejaba vacante su padre, el también militar Juan Carlos de Borbón, que a su vez lo había  heredado a la vez del criminal dictador que le sucedió, siendo este el tercer militar que de manera sucesiva ocupaba la jefatura del Estado, el nudo, pese a la voluntad mayoritaria de los ciudadanos continua atado y bien atado.


Si el nudo continua atado es por la fidelidad de los bastardos hijos de Régimen al dictador, basta con pasear por Madrid y ver el nombre de sus calles dedicados a criminales, terroristas y sanguinarios generales, pero también no lo olvidemos por la sumisión de la oposición al anterior jefe militar y al nuevo, a la traición a esos ideales de los cuales presumen de tener tan profundas raíces, que deben haber podrido o contaminado con las raíces del fascismo.

Sin embargo en estos días que llevo en Madrid veo las calles casi intransitables del bullicio que impera en ellas, decorada con macetones de flores blancas que le hacen parecer una copia de Marina del Horror,  con miles y miles de banderas monárquicas, sin escudo, colgadas de sus farolas, que recuerdan los tiempos del Movimiento Nacional, como el gusto por la estética fascista continuase  más vivo entre los regidores de la capital del reino.  Con todas las banderas de absolutamente todos los estamentos oficiales renovadas y estrenadas para la ocasión, como si miles de niños madrileños no estuviesen pasando hambre y lo importante fuese  la ostentación artificial de un acto que sin el calor de la gente se queda en huevo huero, con olor a podrido.

Cuesta imaginarse que estas calles bulliciosas de Madrid el jueves estuviesen desiertas, pero lo estaban. Hay muchas banderas monárquicas, casi todas en sedes de empresas y organismos,  también en ventanas particulares, posiblemente dedicadas a un fracasado evento deportivo, pero también, y es algo que no me ha gustado, junto a los contenedores de basura, hasta la bandera de un Régimen como el actual merece respeto, porque representa a unas personas que la tienen como bandera, que esperemos, como está sucediendo poco a poco la vayan cambiando por la banderas que representa la libertad y la democracia en España. 

No hay muchas banderas tricolores en los balcones, pero hay bastantes más que hace un año, cuando estuve la última vez, lo cual deja claro que la libertad se va abriendo camino superando al miedo.  El camino hacia la República ha comenzado, los pasos que debemos dar no deben ser precipitados pero si seguros, de lo contrario de aquí a unos años volveremos a repetir toda la parafernalia monarco/fascista del jueves. Pero si somos capaces de unirnos en acuerdos de mínimos, si logramos que las bases del PSOE reconquisten el partido que fue de Pablo Iglesias, Largo Caballero o Juan Negrín, de nuevo vuelva a ser un partido de izquierdas y republicano. Porque tengo claro que todo el bullicioso Madrid cotidiano saldrá a la calle a llenar la ciudad de alegría, ilusión y color, sin necesidad de llenar las farolas de banderas con olor a rancio, porque serán los ciudadanos quienes ondearan al viento la bandera de la libertad al grito de :

¡VIVA LA REPÚBLICA!

Publicado también en Unidad Cívica por la República

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